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	<title>Buganvilla - Comer de Oficio por Luis Cepeda</title>
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	<description>Blog de Cocina de Luis Cepeda</description>
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		<title>Escarmiento, un relato culinario</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Luis Cepeda]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 May 2016 12:43:53 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La Mansión del Indio está en Coyoacán, al sur de la Ciudad de México en el mismo barrio colonial y periférico donde tuvo Hernán Cortés su residencia. Ocupa toda una manzana cercada de granito, con tamaño y alicientes como para cabalgar al trote, a un paso del tráfico urbano. Emilio “el Indio” Fernández la edificó [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La Mansión del Indio</strong> está en <em>Coyoacán</em>, al sur de la <strong>Ciudad de México</strong> en el mismo barrio colonial y periférico donde tuvo <strong><a title="HERNÁN CORTÉS" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Hern%C3%A1n_Cort%C3%A9s" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Hernán Cortés</a></strong> su residencia. Ocupa toda una manzana cercada de granito, con tamaño y alicientes como para cabalgar al trote, a un paso del tráfico urbano. <strong>Emilio “<em>el Indio</em>” Fernández</strong> la edificó con la gloria de sus películas, revelación estética del pueblo <em>mexicano</em> y entusiasmo oportuno de los certámenes cinematográficos de <strong>Venecia</strong>, <strong>Cannes</strong> o <strong>San Sebastián</strong>.</p>
<p>Hace tiempo que <strong>Emilio Fernández</strong> falta y la melancolía gravita sobre su fortaleza. La espléndida escalera que desciende hacia el jardín, trasunto de la que pisara <strong>Dolores del Río</strong> en “<em>Buganvilla</em>”, se cuartea de descuidos; el palenque y las galleras, privadas de vigor y muerte, son sólo escenarios de ausencias; la alberca cría musgo; la capilla, murciélagos; las caballerizas, estampidos de intemperie.</p>
<p>El <strong>Indio Fernández</strong> solidificó en la mansión la fugacidad de su cine y su leyenda: El empaque de una hacienda en las arcadas y un paseo jalonado de flamboyanes capaces de iluminar la noche; la sala de armas (su desdichada pasión), con su propia carabina revolucionaria y el colt de oro macizo que le regaló <strong>Sam Peckinpah</strong>; los retratos recurrentes de <strong>María Félix</strong>, <strong>Dolores del Río</strong> y <strong>Columba Domínguez</strong>, las tres miradas que más amó su cámara; luces y sombras del <strong>México</strong> profundo y campirano en cada dependencia y un cielo abierto al prodigio de <em>Coyoacán</em>, por donde transitan aún las nubes que atrapara <strong>Gabriel Figueroa</strong> para su cine, en la ciudad con más smog y más vitalidad del mundo.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-419" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_1.jpg" alt="GASTRONOMÍA MEXICANA" width="650" height="436" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_1.jpg 650w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_1-300x201.jpg 300w" sizes="(max-width: 650px) 100vw, 650px" /></p>
<p>Sin embargo, su recinto predilecto fue la <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocina</a></strong>, una estancia diáfana de doscientos metros cuadrados revestida de cerámica poblana y repleta de fogones ebrios de fuego y trajín, insaciables de <em>aves y lechones, pámpanos y róbalos, chiles de mil madres, chayotes, borregos, iguanas o pejelagartos</em>.</p>
<p><strong>Emilio Fernández</strong> fue, en efecto, un personaje apasionado por las tradiciones culinarias de su país, pródigo en reuniones <a title="GASTRONOMIA" href="http://www.gastronomicom.com" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>gastronómicas</strong></a> multitudinarias, supervisor de <strong>guisos</strong> y <strong>catador</strong> exigente de todo <strong>manjar</strong>. La <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocina</a></strong> fue el lugar más vivo de su mansión y su hija Adela, que creció entre sayas de guisanderas, escribió una vez: “<em>En aquella cocina me sensibilicé, aprendí la historia de mi pueblo, comprendí su herencia cultural y consolidé mi amor a <strong>México</strong></em>”.</p>
<p>Durante los años cincuenta, década prodigiosa del cine y la canción mexicana, concurrieron a los banquetes de <strong>Emilio Fernández</strong> todos los personajes que modelaron la mitología contemporánea de un <strong>México</strong> temperamental, emotivo y vividor.</p>
<p>Su esposa, la actriz <strong>Columba Domínguez</strong>, a quien retiró del cine después de dirigirla en “<em>La perla</em>” y verla <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocinar</a></strong> (también por ganársela a <strong>Pedro Armendáriz</strong>, que andaba alzándole la ceja), única mujer oficial que tuvo, acató siempre la intempestiva esplendidez de los convites del Indio como un mal menor de su insólita personalidad, atacada de pasiones y designios mucho más peligrosos.</p>
<p>Hasta una noche en que se presentó de repente con su compadre <strong>José Alfredo Jiménez</strong> y con todo el <strong>Mariachi Vargas de Jalisco</strong>, después de que actuaran en el Teatro de la Ciudad.</p>
<p>-Que nos preparen <strong>cena</strong>,-ordenó el Indio al frente de la expedición musical, -y replicó Columba:</p>
<p>-Ya tus amigotes de la <a title="COMIDA" href="http://www.comerdeoficio.com"><strong>comida</strong></a> acabaron con la <a title="TU DESPENSA" href="http://comerdeoficio.com/tu-despensa/"><strong>despensa</strong></a>. No hay <strong>cena</strong>.</p>
<p>Nadie replicaba al Indio. Por entonces, dicen que debía ya tres muertes:</p>
<p>-¡Mujer pendeja!¡Dije que estos cuates <strong>cenan</strong> en mi casa!¡Y <strong>cenan</strong>!</p>
<p>Columba se contuvo y emprendió viaje a la <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocina</a></strong>.</p>
<p>-Sea…,-concedió diligente.</p>
<p>Corrió una arroba de <strong>tequila de Atotonilco</strong> mientras <strong>Silvestre Vargas</strong> provocaba desgarros de trompetas, llantos de violines, tensión de guitarrones. <strong>José Alfredo</strong> falseteó sus “<em>Caminos de Guanajuato</em>”, aquellos en que “<em>se apuesta la vida y se respeta al que gana</em>”, que tanto conmovían al Indio, y luego llegó a la mesa el <strong>guiso</strong> contundente, el mole bravo de chile y de pipián que dio plenitud a la noche.</p>
<p>-Valió la pena aguardar -se dijo, y después se convocaron una docena de taxis ante el portón para expedir gente y tramoya musical.</p>
<p><a href="http://comerdeoficio.com/relatos/escarmiento_relato_culinario/"><img decoding="async" class="alignright wp-image-421 size-medium" title="GASTRONOMÍA MEXICANA" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_3-300x277.jpg" alt="GASTRONOMÍA MEXICANA" width="300" height="277" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_3-300x277.jpg 300w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_3.jpg 650w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>A la hora de los chilaquiles <strong>Emilio</strong> bajó a curarse la cruda mañanera a la <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocina</a></strong>.</p>
<p>-Hoy no cantaron los gallos,-comentó.</p>
<p>-Todos los gallos se los <strong>cenaron</strong> anoche, -contestó la <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocinera</a></strong> mientras apañaba una pancita bien picosa.</p>
<p>-¡Mis gallos de pelea!.. -rugió el Indio- ¡Pinche Columba, la mato!, -y se crispó sobre un machete filoso.</p>
<p>-No se apure mi patrón -aconsejó la <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocinera</a></strong> sin distraerse-, la señora sólo quiso escarmentarle, pero marcho de la casa anoche y vuelve ahorita, en cuanto se le pase el enojo…</p>
<p>De repente, la mirada negra del Indio se hizo reflexiva:</p>
<p>-Pero ¿cómo carajo se las arregló para que esos gallos peleones no salieran correosos?</p>
<p>“Ahorita” es el adverbio más relativo de México.</p>
<p><strong>Columba Domínguez</strong> no regresó hasta 1986, cuando el Indio murió y heredó la mansión.</p>
<p><strong>Emilio Fernández</strong> se llevo a la tumba el coraje de no poder castigarla por matar sus gallos de pelea y también el asombro de un <strong>guiso</strong> tan difícil.</p>
<p>Pasado su esplendor de director irrepetible, el Indio trabajó de actor y asesoró películas de ambientación mexicana, la última “<em>Bajo el volcán</em>”, con su amigo <strong>John Huston</strong>. Durante sus años finales vivía encharcado en alcohol y despropósitos. Vagaba por su fortaleza como una sombra desganada y olvidaba dar órdenes en su inmensa <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocina</a></strong>.</p>
<p>Morirse -ya se sabe-, es falta de curiosidad.</p>
<p>O de apetito, que viene a ser lo mismo.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-481" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gallos.jpg" alt="GASTRONOMÍA MEXICANA" width="250" height="186" /></p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/escarmiento_relato_culinario/">Escarmiento, un relato culinario</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
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