<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>RELATOS - Comer de Oficio por Luis Cepeda</title>
	<atom:link href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link></link>
	<description>Blog de Cocina de Luis Cepeda</description>
	<lastBuildDate>Wed, 18 Mar 2026 19:28:48 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.8.5</generator>

<image>
	<url>https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/cropped-favcomer-de-oficio-32x32.png</url>
	<title>RELATOS - Comer de Oficio por Luis Cepeda</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>La hostería</title>
		<link>https://www.comerdeoficio.com/relatos/primera-doctora-espana-hosteria-estudiantes-alcala-de-henares/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luis Cepeda Baranda]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 May 2025 15:26:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[RELATOS]]></category>
		<category><![CDATA[Alcala de Henares]]></category>
		<category><![CDATA[hostería]]></category>
		<category><![CDATA[Hostería del Estudiante]]></category>
		<category><![CDATA[Universidad Complutense]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.comerdeoficio.com/?p=3492</guid>

					<description><![CDATA[<p>En 1785, la Universidad Complutense concedió por primera vez en España el grado de doctora a una mujer, doña María Isidra de Guzmán. Mientras la élite celebraba con banquetes, los estudiantes, excluidos del convite, organizaron su propio festejo popular, dando origen a la primera Hostería de Estudiantes del país. Un relato que combina historia, humor y espíritu universitario.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/primera-doctora-espana-hosteria-estudiantes-alcala-de-henares/">La hostería</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Se cumplen 240 años de la fecha en que la “Universidad Complutense mereció &nbsp;la honra de ser la primera que colocara sobre la cabeza de una dama española la borla de los doctores”</em><em>&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right">Datos Históricos de la Ciudad de Alcalá de Henares</p>



<p class="has-text-align-right">Anselmo Raymundo Tornero</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-text-align-left"></p>



<h4 class="wp-block-heading">Alcalá de Henares, día 5 de junio de 1785.</h4>



<p>Desde que las ansias de saber me trajeran a esta ciudad y el favor de un Rector condescendiente me otorgará porvenir cerca de las cátedras, aliviándome la pesadumbre de haber salido por la “puerta de los carros” de esta docta casa, no he conocido ocasión de júbilo, ni decepción, de discordia, ni fraternidad mayor que las que han deparado los acontecimientos del día de hoy.</p>



<p>Alargaré por ello mi parte cotidiano, donde rara vez anotó otra cosa que visitas, cuentas y recados del trajín universitario para referir los hechos y causas que, finalmente, han conjurado a los estudiantes de Alcalá para fundar su propia hostería, desde ahora entusiasmado cenáculo de sus cuitas y apetitos.</p>



<p>Hace un par de meses me tocó colgar en el tablón de anuncios de nuestro vestíbulo una disposición firmada por el conde de Floridablanca que decía, a la letra, lo siguiente: “El Rey, en atención a las distinguidas circunstancias de doña María Isidra&nbsp; Guzmán y de la Cerda, hija del marqués de Montealegre, y enterado Su Majestad de las muy sobresalientes cualidades personales de que está dotada, permite y dispensa, en caso necesario, que se confiera a esta señora los grados de la Filosofía y Letras humanas, precediendo los ejercicios correspondientes. En Aranjuez, a 20 de abril de 1785”.</p>



<p>Es decir, que nuestro rey Carolo III, como le nombran en latines, honraba a la Universidad Complutense con la distinción de colocar a una mujer el birrete del doctorado por primera vez en España, al tiempo que encomendaba a su claustro una misión insólita y, dada la voluntad regia, apremiante.</p>



<p>Doña María Isidra de Guzmán está en verdad dotada de un ingenio rarísimo. Faldas y talento casan. Esta mañana ha estremecido al graderío del Paraninfo cuando, apoyada en la tribuna doctorado, ha despachado en griego y en latín, en italiano, francés y castellano, según venía a cuento, cuestiones críticas de historia natural y de filosofía, de retórica y cálculo, de física y ética. En noviembre fue nombrada miembro de la Real Academia Española de la Lengua y siendo la primera y única dama que accede a tan alta asamblea, ha tenido la natural pretensión de doctorarse en Letras, antes de consumar su oración de ingreso.</p>



<p>No es extraño que eligiera Alcalá para laurearse. Nuestra universidad (y me la apropio, pues, aunque soy lego en ella, llevo aquí tantas jornadas como el más antiguo de los maestros o el más recalcitrante de los estudiantes), nuestra universidad, digo, se siente avanzada entre todas las de España. Se sabe que su germen estuvo en las Escuelas del antiguo Complutum desde el año 938, quinientos años antes que los estatutos del cardenal Cisneros establecieran cuarenta y dos cátedras del saber humano y normas tales como la elección del rector y los catedráticos por mayoría de votos de los colegiales, asunto de enjundia que aún escuece, pero que liberó para siempre la vida universitaria de Alcalá.</p>



<p>A propósito del doctorado de la dama, sólo preocupaban a nuestro Rector, don Pedro de Rojas, algunas consideraciones de forma: ¿cómo moderar la efusión tradicional de los abrazos que todos los doctores habían de dar a su nueva colega?, ¿cómo enmendar el ritual del nombramiento cuyo rigor comprende, en dicho y hecho, la imposición de “la espuela dorada de los caballeros”? Respecto a delicadas pruebas doctorales, como la de soportar las objeciones a su tesis en un vejamen jocoso y acaso zahiriente, el rector opto por la naturalidad, soslayando cualquier miramiento en virtud del sexo de la candidata. Por lo que a mí respecta, fui privado de portar la bandeja con los atributos doctorales, función sacrosanta del bedel, en beneficio de un hermano suyo, a la sazón colegial de los Manrique, cosa que me disgusto un tanto, perdida ya toda esperanza de colocar la espuela en el castro tobillo de la doctora, acción suprimida ahora del ritual que –por vez primera–, me apetecía.</p>



<p>Toda la comunidad universitaria ha vivido pendiente de los ejercicios académicos de doña Isidora, cuyo discurso sobre Aristóteles, titulado <em>Anonimus hominis est, espiritulis, </em>ha sido refutado por tres catedráticos de Prima y consolidado luego por ella, con tanto carácter y vigor, que válgame su consorte cuando lo tenga. El claustro se ha pronunciado unánime, concediéndola el título de doctor y nombrándola profesora honoraria de filosofía moderna. A mediodía ha recibido el anillo y las insignias del doctorado. Solamente el rector y los decanos han tenido derecho a consumar el fraternal abrazo de rigor.</p>



<p>En la plaza de la Redondilla, ante la fachada universitaria, se ha concentrado un gentío venido de todos los confines de la patria para festejar el acontecimiento. Grandes de España, representaciones diplomáticas y elevadas jerarquías del Estado han querido consolidar con su rango el singular episodio académico, con los estudiantes al frente vestidos de manteo azul, con sus becas y roscas del color reglamentario de sus colegios y facultades, entonando vítores y cánticos entusiasmados a la primera doctora de España.</p>



<p>Del portón ha salido bajo mazas la corporación universitaria, con el estandarte de Cisneros precediendo a doña María Isidra, que vestía ya su muceta de raso y el birrete coronado con borla de seda azul. Por la Ronda de San Diego, la calle de los Libreros, la del Tinte y la de las Juanas, engalanadas de adornos y guirnaldas, ha llegado entre aclamaciones al Palacio Arzobispal, donde una estudiantina aguardaba con su música y cánticos a la lúcida doctora, quien ha traspasado la verja alegre y conmovida por el entusiasmo estudiantil.</p>



<p>A partir de entonces se ha desencadenado el conflicto. Un ujier ha ido convocando a las entidades, jerarquías y cortesanos invitados al banquete que iba a celebrarse en el interior, desgranando premiosamente nombres, títulos y corporaciones hasta que, finalmente, ha dado con la puerta en las narices a los estudiantes.</p>



<p>La decepción ha invadido a quienes son provecho y razón de ser de la universidad. El alborozo se ha tornado en agravio anímico y en contrariedad física, pues ningún denominador común expresa tanto la vida estudiantil como el buen apetito. Alguno ha verificado el menosprecio histórico que sufre el estudiante, recordando el invencible temor que causó en Torrelaguna, pueblo natal del cardenal Cisneros, su primer propósito de fundar allí la universidad: “Los estudiantes, con sus algaradas turbarán la tranquilidad pueblerina y además se comerán las uvas de los viñedos y la fruta de los huertos”, replicó entonces aquel concejo municipal. Otros han tratado de consolarse desdeñando el afrancesamiento alimenticio que impera en la Corte borbónica, tendencia segura de un convite de tanta prosapia. El lujo y el mal gusto son inseparables, ha dicho algún colegial invocando la reciente doctrina Rousseau. “En Aranjuez –ha manifestado otro–, sirvieron días pasados unos caracoles con mantequilla dentro: ¿puede comerse algo tan absurdo?”. La mayoría no ha podido reprimir un ruidoso y espontáneo abucheo, todo un contrapunto de las también sinceras aclamaciones de antes. Como en los toros, vamos.</p>



<p>La noticia de la afrenta estudiantil ha corrido cual reguero de pólvora mientras los estudiantes, con más hambre que vergüenza, han tomado la de Villadiego para paliar su gazuza con el exiguo rancho de sus Colegios.</p>



<p class="has-text-align-center">–0–</p>



<p>Dicen que <a href="https://viajes.nationalgeographic.com.es/a/pueblo-madrid-calle-porticos-mas-larga-mundo_23009">Alcalá de Henares tiene la calle con soportales más larga del mundo.</a></p>



<p>Desde la Magistral a la plaza de Santa María anida, bajo columnas de variada traza, todo el comercio de la ciudad, un mercado rectilíneo de dos aceras que antes fue judío, cristiano y moro y ahora es maragato y alcarreño, montañés y manchego, murciano y cacereño, reflejo justo de la nostalgia que traen en sus paladares los estudiantes desde hace tres siglos.</p>



<p>Como de acuerdo, los tenderos de la calle Mayor han salido al paso de los estudiantes. Del colmado del señor Anselmo han recibido ristras de morcillas, chorizos y morcones, candeales recién horneados de la tahona de Jabardo, frutas del Cuco, quesos, aceites y bacalaos de la cerería de Quer, &nbsp;hortalizas de la señora Conce, chuletillas de corderos y asaduras de Chucuelin, congrios y calamares del Avispa, el pescadero; cazuelas zamoranas de la cordelería de Juarranz, sacos de carbón del Bizco, dos turgentes pellejos de vino del mesón de los Quijada y un sinfín de torrijas, almendrados, costradas y roscas que han recompuesto el temple estudiantil, desagraviarlo por su vecindad.</p>



<p>En la calle de los Colegios, que es trasera de la Universidad y junto a la puerta de los carros, por la que salen del Patio Trilingüe los alumnos descalificados, hay un recinto baldío donde, desde antaño, paran arrieros y viajeros del Camino de Guadalajara, que corre junto al río Henares. Sobre tablones y borriquetas se ha dispuesto una larga mesa donde malamente cabe el prodigio de los sustentos recibidos, ante los que se ha evocado la mística glotona del Juan Ruiz, el Arcipreste, nativo de Alcalá precisamente, quinientos años. También las tentaciones de Gabriel Téllez, el monje farandulero o la picardía de Quevedo, experto en ayunos, dos buenos antecedentes de la vitalidad estudiantil complutense. Reconfortado el estómago, que es el más frecuente de los territorios físicos del ánimo y del talento, se ha redactado, por voluntad de la comunidad estudiantil, un tarjetón dirigido a la nueva doctora en Letras que dice:</p>



<p>“Los alumnos de la Universidad Complutense felicitan a la primera doctora de España y la convidan a las Migas ilustradas y otras viandas que en su honor servirán mañana para todo el pueblo de Alcalá donde, si acude, quedará también graduada en buenas maneras que es doctrina universitaria primordial”</p>



<p>Motivo y ocasión con el que quiso estrenarse la primera Hostería de Estudiantes de España.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter"><img decoding="async" src="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/caballo-hosteria-768x512.jpg" alt="Hostería de Estudiantes en Alcalá"/></figure></div>


<p><a href="https://www.comerdeoficio.com/luis-cepeda/">Luis Cepeda</a></p>



<p></p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/primera-doctora-espana-hosteria-estudiantes-alcala-de-henares/">La hostería</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Blanco de Pátzcuaro</title>
		<link>https://www.comerdeoficio.com/relatos/pez-blanco-patzcuaro-michoacan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luis Cepeda Baranda]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 May 2025 12:10:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[RELATOS]]></category>
		<category><![CDATA[Lago de Pátzcuaro]]></category>
		<category><![CDATA[mexico]]></category>
		<category><![CDATA[Michoacán]]></category>
		<category><![CDATA[Pátzcuaro]]></category>
		<category><![CDATA[pez blanco]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.comerdeoficio.com/?p=3483</guid>

					<description><![CDATA[<p>Un viaje improvisado lleva al narrador desde la solemne noche de Morelia hasta el corazón brumoso de Pátzcuaro, donde el sabor puro del pez blanco revela el alma profunda de Michoacán. Una crónica de encuentros, sabores y revelaciones.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/pez-blanco-patzcuaro-michoacan/">Blanco de Pátzcuaro</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="3483" class="elementor elementor-3483">
							<div class="elementor-element elementor-element-31f65ab e-con-boxed e-flex e-con" data-id="31f65ab" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-f3f6f38 elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="f3f6f38" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
			<style>/*! elementor - v3.13.3 - 28-05-2023 */
.elementor-widget-text-editor.elementor-drop-cap-view-stacked .elementor-drop-cap{background-color:#69727d;color:#fff}.elementor-widget-text-editor.elementor-drop-cap-view-framed .elementor-drop-cap{color:#69727d;border:3px solid;background-color:transparent}.elementor-widget-text-editor:not(.elementor-drop-cap-view-default) .elementor-drop-cap{margin-top:8px}.elementor-widget-text-editor:not(.elementor-drop-cap-view-default) .elementor-drop-cap-letter{width:1em;height:1em}.elementor-widget-text-editor .elementor-drop-cap{float:left;text-align:center;line-height:1;font-size:50px}.elementor-widget-text-editor .elementor-drop-cap-letter{display:inline-block}</style>				<p>La noche de Morelia es solemne y afrutada cuando rodeas la Fuente de las Tarascas, un monumento a los sabores. Morelia, capital del Estado de Michoacán, se llamó Valladolid antes y fue trazada durante la Colonia como prototipo de una ciudad española. En 1991 acababa de proclamarlo Patrimonio de la Humanidad la Unesco y un fotógrafo veterano, algo místico y sombrío, se me ofreció como guía. Acertó llevándome al Mirasoles. Es el restaurante donde Rubí Silva, cocinera sabia y bella, revisa la tradición culinaria en torno a las “paranguas”, las tres piedras ancestrales que soportan las cazuelas y rodean el fuego, el signo del hogar indígena más venerado en Michoacán. Saboreamos <em>chandukata</em>, un guiso de maíz y carne aliñado con cilantro, yerbabuena, epazote y chiles.</p><p>Por la Plaza de Armas, caminando la madrugada, conté mis planes al guía. Lo propuse visitar la provincia el día siguiente: el prodigio del Cerro Campanario en Zitácuaro, donde dicen que las mariposas monarca cimbrean los árboles con su abundancia; el espectáculo telúrico de Mil Cumbres y del Paricutín, el único volcán que ha visto brotar el hombre actual; la legendaria isla de Janitzio en el Lago de Pátzcuaro…</p>						</div>
				</div>
					</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-e67744f e-con-boxed e-flex e-con" data-id="e67744f" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-2588d6c elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="2588d6c" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
							<p>&#8211; Yo al Paricutín no voy –aclaró me acompañante, paralizado de repente.</p><p>&#8211; ¿Como así?</p><p>&#8211; ¿No ha visto mi cara? Nací allí cuando estalló el volcán, el 20 de febrero de 1943 y no se me ha quitado el espanto. Mi papá estaba en el campo y dijo que se le empezaron a quemar los pies y corrió hasta la casa donde mi jefa se estaba aliviando de mí, rodeada de agujeros con fumarolas. No he vuelto desde chico.</p><p>&#8211; Siento habérselo recordado. Iremos entonces al Santuario de las Mariposas Monarca.</p><p>&#8211; Insectos mutantes, pura mandanga. Las mariposas son seres instantáneos inventados por los chinos. Cuentos chinos. No las soporto. Todo mundo les hace fotos; no son para nosotros, fotógrafos profesionales. Y a Janitzio tienes que ir el Día de Muertos, con respeto y causa, cuando las barcas navegan de noche con las veladoras encendidas…</p>						</div>
				</div>
					</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-c0c927b e-con-boxed e-flex e-con" data-id="c0c927b" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-01ef483 elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="01ef483" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
							<p>Mientras él descalificaba mis planes, yo inhabilitaba su compañía.</p><p>Se me confirmaba que en México no había que planear nunca un viaje porque la improvisación corrige lo previsible y convoca la sorpresa. México siempre sale al paso. Por las buenas o por las malas. Providencialmente. Así que subí a la habitación del hotel y me di un baño, dispuesto a escapar antes de que alguien me convenciera de algún destino concreto.</p><p>Enfilé la carretera de Quiroga y amanecía cuando llegué a Pátzcuaro. Buscaba el muelle para cruzar a Janitzio cuando avisté a un caminante con una cesta de mano que apareció por una de las sendas del lago. Cargaba peces blancos recién pescados, saltarines aún, y una curiosidad imperiosa o un apetito urgente me taladró.</p>						</div>
				</div>
					</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-c961f68 e-con-boxed e-flex e-con" data-id="c961f68" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-7a39d34 elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="7a39d34" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
							<p>&#8211; Ya me gustaría catarlos –dije consciente de lo extemporáneo de mi propuesta, pero lo tomó a bien, con una complicidad casi clandestina.</p><p>&#8211; Prepárate a probar el verdadero pez blanco Pátzcuaro, forastero; el mero manjar del lago.</p>						</div>
				</div>
					</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-f788653 e-con-boxed e-flex e-con" data-id="f788653" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-a815b4c elementor-widget elementor-widget-image" data-id="a815b4c" data-element_type="widget" data-widget_type="image.default">
				<div class="elementor-widget-container">
			<style>/*! elementor - v3.13.3 - 28-05-2023 */
.elementor-widget-image{text-align:center}.elementor-widget-image a{display:inline-block}.elementor-widget-image a img[src$=".svg"]{width:48px}.elementor-widget-image img{vertical-align:middle;display:inline-block}</style>												<img fetchpriority="high" decoding="async" width="768" height="432" src="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/pez-blanco-770x392-1-2-768x432.jpg" class="attachment-medium_large size-medium_large wp-image-3485" alt="Pez blanco de Pátzcuaro" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/pez-blanco-770x392-1-2-768x432.jpg 768w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/pez-blanco-770x392-1-2-300x169.jpg 300w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/pez-blanco-770x392-1-2-scaled.jpg 1024w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/pez-blanco-770x392-1-2-150x84.jpg 150w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" />															</div>
				</div>
					</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-36b60f8 e-con-boxed e-flex e-con" data-id="36b60f8" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-88692de elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="88692de" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
							<p>Colocó tres piedras a modo de paranguas y prendió unas astillas que recolectó raudo entre la hojasca. No sé de dónde sacó un pedazo de tela metálica sobre la que asamos media docena de peces blancos como el nácar. Me dejó saboreando su carne pálida y jugosa porque le urgían otras tareas. Y no quiso cobrarme.</p><p>&#8211; No es nada, jefe. Los regala el lago si no abusas de él.</p><p>Nunca he desayunado mejor.</p><p>Sólo y desvelando incertidumbres, como la isla de Janitzio que brotaba entre la bruma. Me faltaba percibir aún mucho Michoacán, alma del México inesperado, pero aglutinaba su esencia en el sabor puro de un pescado insólito.</p>						</div>
				</div>
					</div>
				</div>
							</div>
		<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/pez-blanco-patzcuaro-michoacan/">Blanco de Pátzcuaro</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Los distritos del Firmamento</title>
		<link>https://www.comerdeoficio.com/relatos/los-distritos-del-firmamento-embajada-clavijo-tamerlan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luis Cepeda Baranda]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 May 2025 09:07:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[RELATOS]]></category>
		<category><![CDATA[astrología]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[GASTRONOMÍA]]></category>
		<category><![CDATA[Samarkanda]]></category>
		<category><![CDATA[Tamerlán]]></category>
		<category><![CDATA[Viaje de Clavijo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.comerdeoficio.com/?p=3471</guid>

					<description><![CDATA[<p>Hace más de 600 años, el emisario castellano Ruy González de Clavijo viajó a Samarkanda para encontrarse con Tamerlán. Entre banquetes, astrología y filosofía, este relato nos revela una cara insospechada del gran conquistador mongol: la búsqueda de comprensión del alma humana a través de la comida y las estrellas.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/los-distritos-del-firmamento-embajada-clavijo-tamerlan/">Los distritos del Firmamento</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="3471" class="elementor elementor-3471">
							<div class="elementor-element elementor-element-f6e34cd e-con-boxed e-flex e-con" data-id="f6e34cd" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-eca706e elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="eca706e" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
							<p><em>Hace 600 años que el rey de Castilla envió una misión diplomática a Samarkanda. En 1406 Ruy González de Clavijo publicó su “Embajada a Tamerlan”, considerado el primer libro de viajes de literatura castellana.</em></p><p>Fue la espada de Tamerlán, Señor de Samarkanda, el instrumento más pavoroso de Oriente. Nunca la limpió, jamás la envinó, y decíase que el rencor latente de sus víctimas, acumulado en la hoja, causaba mayor infortunio que la muerte misma. Durante veinticinco años de incesantes cabalgadas por todos los vientos de Asia, el sanguinario Amir Timur –<em>Timur el cojo</em>– transformado en Tamerlán –<em>ser de hierro</em>–,  ensanchó el imperio cruel del mismísimo Gengis Kan, su precursor. Durante diez años de arraigo en Samarkanda –cuartel, corte y recreo–, sus límites territoriales sólo los marcó la incertidumbre de sus vecinos, expectantes siempre de su ardor guerrero.</p><p>Frecuenté su compañía durante las setenta y cuatro jornadas que permanecí en Samarcanda. Soy, –lo diré cuanto antes– Ruy González de Clavijo. Mi señor el Rey de Castilla, Enrique III, mal llamado <em>El Doliente</em>, me encomendó su embajada ante el Gran Tamerlán para honrar su fama, descreído de que sólo la crueldad diera sentido a tanta hazaña.</p><p>Digo ahora lo qué no dije en el relato de mi misión, expurgado en muchos párrafos por mi acompañante y confesor fray Alonso Pérez de Santamaría, quien consideró proclamas a la gula y distracción de la fe algunas revelaciones del encuentro.</p><p style="text-align: center;">–0–</p>						</div>
				</div>
					</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-9ce2e79 e-con-boxed e-flex e-con" data-id="9ce2e79" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-05d75bd elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="05d75bd" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
							<p>Vi por primera vez a Tamerlán al atardecer del 8 de septiembre de 1404, bajo el arco aterrador de Samarkanda, edificado con infinidad de cráneos superpuestos. Cabal en estatura, macizo y elástico como un turco, vestía holgados calzones de seda negra y prieta casaca púrpura. Con el sol de poniente en el rostro era la viva imagen de la valentía y el poder, distante de todo séquito.</p><p>Avancé mi sombra a su sitial y dije mi parlamento:</p><p>&#8211; Señor de Asia, nada vengo a enseñaros. Me manda con voluntad de alianza Don Enrique, Rey de Castilla, cuyas cartas os entrego.</p><p>A lo que replicó su intérprete, sin más consulta que el mirarse:</p><p>&#8211; Somos tan diferentes, como ocioso es vuestro viaje si nada aprendo de vos y nada os enseño.</p><p>Mi diplomacia cortesana encajó la sensatez de sus palabras, antes que el caudillo mongol concluyera la audiencia, por voz prestada de Mohamed Alcají, quien desde entonces fue mi guía:</p><p>&#8211; Sed bienvenidos y sosegad ahora vuestro viaje. Al amanecer estaréis en el mercado con el gran Tamerlán.</p><p>Sé que a los primeros encuentros les conviene la brevedad, pues la impresión es así más turbadora y mueve a mayor intriga.</p><p>Bajo la noche afrutada de Samarkanda supe que Tamerlán demoraba su invasión pendiente a la China, so pretexto de recobrar el esplendor de aquella ciudad, doblemente milenaria, que devastara primero Alejandro y luego Gengis Kan. Había desterrado el ruidoso mercado de caballos fuera de sus muros y prohibido a sus huestes el mínimo saqueo a las ricas caravanas de la Ruta de la Seda, complaciente de su solemne, paso por Samarkanda.</p><p>Por si fuera poco, los tributos llegados de todos los confines del Asia Central, desatendían los ejércitos a favor de la construcción de escuelas de ciencia y teología, impulsadas por su reciente esposa Bibi Khanym. El propio Tamerlán no parecía disfrutar con otra tarea que la de acudir cada mañana al inmenso mercado de alimentos, para escoger no sólo los manjares de su mesa, sino toda la intendencia de sus ejércitos.</p><p>Antes de franquearme el alojamiento, Mohamed Alcají concluyó con preocupación:</p><p>&#8211; En verdad, mucho ha cambiado, Tamerlán…</p><p>Pensé, y mejor no dije, que seguramente los hombres no cambian, sino que se debilitan. Y que las debilidades son emociones nobles que minan los impulsos rudos.</p><p style="text-align: center;">–0–</p>						</div>
				</div>
					</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-aff6ead e-con-boxed e-flex e-con" data-id="aff6ead" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-fd9530c elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="fd9530c" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
							<p>Me desperté husmeando el viento.</p><p>La plaza central de Samarkanda, invadía mi olfato con aromas de jengibre y miel, que el silencio inverosímil de alba vivificaba. Desde la lucerna vi la fachada turquesa del colegio de Shirdar y a su alrededor los silenciosos preparativos de un torrente de manjares volcado ante mi vista. Y entre los tenderetes –sin dar crédito a mis ojos–, reconocí la figura del Gran Tamerlán, deteniéndose en la observación de bestias destazadas, olisqueando hierbas y cecinas, catando aquí un dátil y allá un cidro, cual mayordomo en función.</p><p>Apresurado, decliné los laudes de fray Alonso y me encontré con Alcají para saludar al rey mongol:</p><p>&#8211; Señor, no madrugué lo bastante y lo deploro, pues deseo acomodar mi tiempo al vuestro, por si puedo serviros.</p><p>&#8211; Podéis descuidar de ello esta vez, si el amor por el comer no es para vos la devoción suprema.</p><p>Controlé santiguarme ante el musulmán.</p><p>Recordé para mis adentros como el Sabio Rey Alfonso dejó dicho en sus Partidas que el comer fue puesto para vivir y no el vivir para comer.</p><p>&#8211; Disfruto del rumor del torrente y me complace el canto de los animales –prosiguió Tamerlán–; admiro el horizonte y la luz que todo lo describe. Templo las pieles más íntimas en el serrallo y con mi propia mano destruyo, si es preciso, a mi enemigo; pero sólo penetra verdaderamente en mí la Naturaleza cuando como.</p><p>A mi pesar cristiano tuve que aceptar su discurso, rodeado como estaba de tanta primicia y sabor. La Naturaleza en toda su expresión, de la feroz a la dócil, de la dulce a la acre, de la montaraz a la ribereña, pedía entrar en nosotros, hacerse y ser humana penetrando en nosotros.</p><p>Se lo dije a Tamerlán, contagiado de su entusiasmo y su entusiasmo metafísico creció: habló de su secretario, comedor de verduras y soso él mismo cual acelga; de su batallador hijo, soberbio y displicente desde que se alimentaba de tigres; del astuto y resolutivo mercader que saboreaba los guisos de cocodrilo y de los soldados hambrientos que una vez se comieron un niño crudo y jamás volvieron a atender una orden de buena gana.</p><p>&#8211; ¿Conocéis un modo mejor de diferenciar a los hombres que por lo que comen?, –preguntó–. Pensadlo y participádmelo esta noche en la cena de Palacio.</p><p>Así pues, el Gran Tamerlán me proponía un entretenimiento social, una especie de juego de Oriente en el que debería contrincar con su hipótesis de la transmutación anímica de los alimentos.</p><p>Aunque no parecía banal su preocupación.</p><p>Por segunda vez, en pocas horas, se había referido a la diferencia entre los hombres, reflejo acaso de todas sus preocupaciones vitales.</p><p>Recordé que en el Templo de Delfos había leído durante nuestro largo viaje el precepto más ambicioso de los dioses: “Conócete a ti mismo”. Me sentí tentado de pugnar así con su teoría glotona, decirle: “Conócete a ti mismo, Tamerlán y conocerás a los demás”.</p><p>Fue fray Alonso, sin embargo, quien encaminó mi trámite, si bien por derroteros menos apostólicos de los que él pretendía.</p><p>Revisó los mandamientos de la ley cristiana como manual de conducta: las misericordias corporales y las misericordias espirituales, como pruebas de buena condición; las culpas y las disculpas capitales: soberbia y humildad, templanza y gula, avaricia y generosidad, caridad y envidia y otras tantas más, como moldes del contradictorio carácter de los humanos. No quería saber mi buen capellán que nuestro anfitrión, aunque había derrotado al turco en Angora, era un fanático mahometano, adicto a una religión sin clero ni albedrío.</p><p>Más, como digo, acudí a la cena imperial con alguna inspiración.</p><p>El firmamento apostaba a mi favor. Miles de estrellas acribillaban los estanques de Samarkanda y una premiosa lluvia de jazmines perfumaba los manjares expuestos en el jardín de Tamerlán: Carneros del Turquestán guisados con albaricoques; francolines con garum y piñones; almidonados de esturión, panes de sésamo y cardamomo, verdolagas y mastuerzo de Babilonia, huevos de paloma con ruibardo, buñuelos de acedera, requesones y frutas de Kustana, la teta de la Abisinia; vinos de arrayán y vinos de avellana y chufa junto a mil deleites más que no reconocí o no recuerdo.</p><p>&#8211; Mañana seréis distinto, castellano, –sentenció Tamerlán.</p><p>&#8211; Con todo mi respeto, señor, mañana seguiremos siendo lo que quieran las estrellas, –contesté.</p><p>&#8211; ¿Tenéis, pues, vuestra clave para diferenciar a los hombres?</p><p>No quise prolongar su curiosidad con mucho preámbulo.</p><p>Le hablé de los cuatro siglos del Camino de Compostela, ruta mayor de Occidente, que guía una lechosa mancha de infinitas estrellas llamada Vía Láctea, donde Gerónimo, un lunático levantino en peregrinaje a la Ciudad de Santiago, nos enseñó a pronosticar el destino de los hombres. Conté cómo el Castillo de Clavijo, donde nací, preside el Camino de las Estrellas por tierras de La Rioja y, durante las noches del cielo cristalino, se reconocen los signos que forman los astros, doce cuarteles iguales, que causan efectos decisivos en quienes nacen y viven con su influencia.</p><p>Tamerlán me apresuró hacia un patio más amplio y escaso de floresta, reclamando una demostración con la mirada puesta en el firmamento. En el círculo zodiacal de septiembre se percibía claramente, mirando al este, la formación estelar de Aries, en su trazo imaginario:</p><p>&#8211; Pues sabréis, señor, que cuando el sol entra en ese distrito, que suele ser con la primavera y los días son iguales que las noches, nacen seres ingeniosos, prudentes y de ánimo noble, que no serán ricos ni pobres pero guardarán fidelidad a sus amigos. Gentes que sufrirán algún golpe de hierro en su vida y, si se libraran de enfermedad a los 22 años, vivirán hasta los 75. Las hembras del signo del Carnero serán vivas en sus acciones, algo iracundas y, si se casaran, enviudarán.</p><p>Percibí entusiasmo y curiosidad en Tamerlán por tanta aclaración y desde aquella noche mi embajada estuvo al servicio del recreo en los manjares durante el día y la descripción de los individuos por la noche, actividades ambas que regocijaban a Tamerlán y le hacían entender su propio destino.</p><p>Ahora, cuando los hijos o las viudas de algún ajusticiado reclamaban reparación, solía comprobar su día de nacimiento y manifestaba convencido:</p><p>&#8211; Su signo era el del Centauro. Fue honesto y venturoso. Acaso fuera injusta su muerte, pero ocurrió exactamente cuando le tocaba.</p><p>No celebró un nuevo encuentro Tamerlán sin averiguar la fecha natal de su visitante, al que exigía se comportara de acuerdo con los rasgos previstos. Estaba escrito: los Acuario eran bien hablados y viajeros; los Piscis, muy comedores y complacientes; los Tauro presuntuosos y altivos de corazón; los Géminis, de mucha hacienda; los Cancro, gastadores y alegres; los del León, elocuentes y de gran ánimo; los Virgo, cuidadosos con sus cosas; los Libra, muy familiares; los Escorpio, astutos y porfiados, y los Capricornio, melancólicos e inclinados a la guerra.</p><p>Por mi parte me aficioné con la misma curiosidad a los placeres de la mesa y dudo que haya manjar de Oriente que no haya saboreado de una y de otra forma. Reconozco que mi carácter también se ha tornado más complejo.</p><p>No sabría decir ya, a qué signo pertenezco.</p><p style="text-align: center;">–0–</p>						</div>
				</div>
					</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-41252bc e-con-boxed e-flex e-con" data-id="41252bc" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-ae06820 elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="ae06820" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
							<p>Nuestra embajada dejó Samarkanda el 21 de noviembre de 1404.</p><p>Durante los festejos de despedida se enfrentó un tártaro comilón de carne de caballo, contra un gigante afgano nutrido con jamones de oso, ahumados al estilo ruso. El combate fue bravo, pero no fue a muerte, porque según Tamerlán, que consultó los signos y lo decidió, a ninguno de ellos les había llegado su hora.</p><p>A quien sí llegó su hora, quién sabe si puntual, fue al propio Tamerlán, mientras regresábamos de nuestra misión. Había encargado un mausoleo gigantesco cuya cúpula sería única si el cielo no fuera su repetición.</p><p style="text-align: center;">–0–                         </p>						</div>
				</div>
					</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-783c2cb e-con-boxed e-flex e-con" data-id="783c2cb" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-f18f373 elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="f18f373" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
							<p>Rendí cuentas a Don Enrique III en Alcalá de Henares, el 24 de marzo de 1406. La embajada había durado casi tres años, desde que nos embarcáramos en El Puerto de Santa María un 21 de mayo de 1403. El relato de mi embajada, que publiqué y algunos habrán leído, está mermado de la relación golosa y acaso pagana con Tamerlán, callada primero, pero al fin confesada a mi Rey, que me congratuló con su majestad y sabiduría:</p><p>&#8211; Comer es en verdad comulgar con los dones del Señor y sólo cuando escasean y no llegan para todos, se reparan con el consuelo del Reino de los Cielos, prometido a quienes no pueden o no saben disfrutarlos. Nada o recriminéis de esta embajada de buen entendimiento. Se demostrará un día que si se trazan líneas de unión entre todas las estrellas del firmamento, se dibuja el rostro de Dios, cúmulo del vigor de todos los hombres que fueron y que serán.</p>						</div>
				</div>
					</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-058081c e-con-boxed e-flex e-con" data-id="058081c" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-8b44067 elementor-widget elementor-widget-image" data-id="8b44067" data-element_type="widget" data-widget_type="image.default">
				<div class="elementor-widget-container">
															<img decoding="async" width="800" height="545" src="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/Captura-de-Pantalla-2025-05-19-a-las-11.03.40-1024x698.png" class="attachment-large size-large wp-image-3474" alt="Embajada de Clavijo a Tamerlán" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/Captura-de-Pantalla-2025-05-19-a-las-11.03.40.png 1024w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/Captura-de-Pantalla-2025-05-19-a-las-11.03.40-300x204.png 300w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/Captura-de-Pantalla-2025-05-19-a-las-11.03.40-150x102.png 150w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/Captura-de-Pantalla-2025-05-19-a-las-11.03.40-768x523.png 768w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" />															</div>
				</div>
					</div>
				</div>
							</div>
		<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/los-distritos-del-firmamento-embajada-clavijo-tamerlan/">Los distritos del Firmamento</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Relámpago de Cardona</title>
		<link>https://www.comerdeoficio.com/relatos/relampago-de-cardona/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luis Cepeda Baranda]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 May 2025 12:05:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[RELATOS]]></category>
		<category><![CDATA[Castillo de Cardona]]></category>
		<category><![CDATA[concierto sefardí]]></category>
		<category><![CDATA[intriga]]></category>
		<category><![CDATA[Parador de Cardona]]></category>
		<category><![CDATA[RELATO]]></category>
		<category><![CDATA[seducción]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.comerdeoficio.com/?p=3457</guid>

					<description><![CDATA[<p>En el majestuoso castillo de Cardona, un encuentro fortuito tras un concierto sefardí desata una velada marcada por el deseo, la intriga y una tormenta tan eléctrica como emocional. Una mujer enigmática, un apagón y una noche que se disuelve entre la seducción y lo onírico dejan al narrador en busca de respuestas… y de ella. Una historia donde lo real se confunde con lo fantástico, como un relámpago que ilumina solo un instante.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/relampago-de-cardona/">Relámpago de Cardona</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="3457" class="elementor elementor-3457">
							<div class="elementor-element elementor-element-216dab3 e-con-boxed e-flex e-con" data-id="216dab3" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-a2cfff5 elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="a2cfff5" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
							<p>&#8211; Da mala suerte</p><p>Como casi nadie fuma y pedir fuego es inútil, acercaba la punta de mi cigarrillo a una vela del candelabro gigante que había en una esquina del claustro.</p><p>&#8211; Da mala suerte</p><p>Estaba a mis espaldas y me giré.</p><p>Lucía un vestido de cóctel, de esos que cuelgan de tirantes livianos y derraman formas que encandilan.</p><p>&#8211; ¿Cómo…? –pregunté algo desconcertado.</p><p>&#8211; Lo mismo que cuando te dan la sal en la mano o se te rompe un espejo. Lo mismo que si se sientan trece a la mesa…, –aclaró entornando una mirada de tizón.</p><p>&#8211; Lo de los trece lo sé: se juntaron trece a cenar y la cosa terminó en traición y muerte. Es una superstición católica.</p><p>&#8211; Lo de prender el cigarrillo con una vela debe ser más reciente y menos evangélico. Todavía no está en las amenazas de los paquetes de tabaco, –y me entregó un encendedor plano y plateado.</p><p>&#8211; No lo pierdas…</p><p>La verdad es que extravío los mecheros con la misma rapidez con que los acopio a veces. Llevo media docena o no llevo ninguno.</p><p>&#8211; No estás para saberlo, pero mi vida es una sucesión de encuentros y extravíos, –dije con aplomo, para hacerme el interesante.</p><p>Pero las frases categóricas sólo funcionan bien en las películas y aquella chica arruinó las posibilidades del discurso vital en que pretendía envolverla:</p><p>&#8211; Conviene conjurar una superstición con otra: nunca fumes ni bebas solo, –así que dispuso de mi cigarrillo recién prendido y tuve que encender otro.</p><p>Acabábamos de escuchar un concierto de música sefardí interpretado por el quinteto de cuerda de Jordi Savall en la Colegiata de San Vicente, un templo lombardo con más de mil años que sigue convocando silencios y trinos medievales.</p><p>El público se dispersaba por el atrio hacia los vericuetos del castillo de Cardona, atravesando cercos góticos y estancias solemnes camino del comedor o las habitaciones del Parador.</p><p>&#8211; ¿Estás sola?</p><p>&#8211; Si te refieres a si vine sola, sí que vine sola. Ahora estoy contigo, ¿no? A no ser que quieras que desaparezca… –tenía un tono zumbón y un gesto entre pícaro y cariñoso.</p><p>&#8211; Al contrario. Quiero que te quedes. ¿Tienes apetito?</p><p>Contestó con una especie de paradoja subliminal:</p><p>&#8211; La música me llena de huecos.</p><p>Creo que sólo tolero lo fortuito cuando hay una mujer por medio. El vértigo femenino me conmueve y cancela cualquier otro propósito. No lo considero una debilidad. La oportunidad de penetrar en la individualidad femenina me alienta y emociona hasta la imprudencia. En aquella situación repentina crecía una incertidumbre galante muy prometedora. Aunque había quedado a cenar con Néstor.</p><p>&#8211; Pero no podremos cenar solos, –la informé.</p><p>&#8211; Con tu mujer, quizás –preguntó o afirmó con algún deje de contrariedad.</p><p>&#8211; No, no; claro que no. Cenaremos con Néstor, mi compañero de las setas. Ya verás que personaje.</p><p>Cada otoño dedico algunos fines de semana a buscar hongos. El castillo de Cardona, donde se ubica un Parador turístico, está en el centro geométrico de Cataluña, la comarca más setera de España. Me aficioné por simple curiosidad gastronómica y como alternativa deportiva al golf, actividad en la que no prosperaba. Luego me fascinó la magia del brote espontáneo, del vegetal recóndito vecino del caracol evidente y del gnomo fantástico. Sin embargo fue Néstor, con su pragmatismo peculiar, quien me instaló en los gozos de aquel de club hermético de gentes que aguardan las lluvias y el sol templado para dispersarse por el monte con una inocente cesta:</p><p>&#8211; Todo consiste en vislumbrar colores, –decía. Si vamos a níscalos, penetra en el bosque con la mirada puesta en el color naranja y con suerte también encontrarás alguna amanita cesárea o los cartílagos sabrosos de la oreja de gato, que pueden saborearse crudos. Si vas a por llanegas, piensa en negro. Los rebozuelos y las senderuelas pertenecen al amarillo, los fredolic al gris, los verderol al azul…</p><p>Néstor es un bon vivant que posee la rara habilidad de domesticar las cuestiones más complejas. Aquella tarde había prescindido del concierto sefardí a cambio de una siesta tras la jornada setera en los pinares de Berga, donde almorzamos primicias de nuestra propia cosecha. Me aguardaba para cenar y se atusó el mostacho al verme acompañado.</p><p>&#8211; Soy Mari, –y así me enteré de su nombre- Mari Cardona.</p><p>Cuando estaba Néstor, no hacía buen o mal tiempo, hacía Néstor y me percaté enseguida de que iba a acaparar la velada con su ancha y afinada conversación:</p><p>&#8211; Llamarse Cardona en el castillo de Cardona obliga mucho, señorita. La sal inmensa de la Montaña de la Sal es la mítica piedra cáustica que fundamenta su propio apellido. Esa sal tan compleja es su sal –siempre galanteaba con mucha oportunidad y trascendencia–; un tesoro de la naturaleza que rodea esta fortaleza y la hizo inexpugnable.</p><p>&#8211; No me digas, –bromeó Mari jovial</p><p>&#8211; Durante la Guerra de Sucesión, que acabó con la grandeza del imperio español –informó Néstor–, los habitantes del castillo de Cardona resistieron un asedio de tres meses alimentándose con el caldo de un gran pedrusco de sal que introducían una y otra vez en la olla comunal.</p><p>&#8211; ¿Quieres decir que se alimentaron de sal hervida?</p><p>&#8211; De sal de sodio, pero también del magnesio, del hierro y del calcio; del zinc, del fósforo, del yodo y de las muchas sustancias que contienen aquí las humildes y portentosas piedras de la sal de roca.</p><p>&#8211; O sea, que inventaron los complejos vitamínicos, –intervine pleno de ignorancia.</p><p>&#8211; Nada de eso. Las vitaminas las inventaron los segadores andaluces triturando ajo y pimiento con tomate, aceite, vinagre y pan duro humedecido con el agua de su botijo, para hacer el gazpacho. Aquello sí que alimentaba de veras. Con el gazpacho se adelantaron a la ciencia de las vitaminas, como reconoció Marañón siglos después. En este castillo se acertó a sobrevivir con aquellos minerales energéticos que pueblan nuestros líquidos orgánicos.</p><p>&#8211; Cápsulas de revital en versión rústica, ¿no?…, –dije por no estar callado.</p><p>La conversación derivó a cuestiones de alimentación y supervivencia. Recordé que del mismo modo que aquella piedra de sal impregnaba de sustancias el agua hirviendo, en los años del hambre de la posguerra prosperó en el medio rural español un oficio patético, el de los llamados ‘estancieros’, propietarios del hueso mondo de un jamón. Recorrían las casas de los pueblos, alquilándolo por minutos, para que bullera en agua en las ollas domésticas, ayunas por entonces de mejor sustancia.</p><p>&#8211; El apetito y la curiosidad han sido los mejores consejeros del comer –sentenció Néstor. Debió ser desesperado el ingenio y el hambre del primero que se comió un caracol o una de esas setas que ahora buscamos y saboreamos con tanto deleite.</p><p>Mari asistía a la charla risueña y complacida, aunque con cierto desdén cordial, como de estar al cabo de la calle de todo. A los postres, cuando se ausentó en dirección al lavabo, perseguimos con notable curiosidad y algún apetito aquel caminar etéreo y seguro, que mecía sus formas.</p><p>&#8211; Tiene mucho peligro, –afirmó Néstor.</p><p>&#8211; ¿La conoces acaso?, –pregunté</p><p>&#8211; Claro que no; pero te conozco a ti. Yo me retiro; despídeme de ella, –anunció recogiendo de la mesa la llave de su habitación.</p><p>Era todo un señor. Me dejaba expedito el campo perdiéndose el retorno y el poderío de Mari, falsa flaca de elevado paso, lúcida de maquillaje reciente ahora y más dueña que nunca de la situación.</p><p>&#8211; ¿Qué haremos ahora?, –su mirada, algo devoradora, sugería muchas cosas.</p><p>&#8211; Podemos subir al bar, –contesté incapaz de proponer audacias mayores. Percibía el magnetismo de su locura y de su sustancia; la sensación de hallarme ante una mujer singular, acaso la mujer de mi vida. Y me habitaba el miedo de perderla si no sabía conducirme con acierto.</p><p>&#8211; El bar puede ser un buen sitio, –dijo como si estuviéramos eligiendo un escenario.</p><p>El bar del Parador se encuentra en lo alto de la fortaleza. Aquella noche no había luna en los ventanales, lo que suele magnificar su intimidad, pero los relámpagos de una tormenta, todavía sorda, iluminaban con su intermitencia El Salí, la poderosa montaña de la sal, con un efecto fulgurante; telúrico y plata.</p><p>&#8211; ¿Viajas mucho?, –acerté a decir, para mover el diálogo.</p><p>Emitió una especie de exclamación evocadora mientras sacudía su melena:</p><p>&#8211; ¡Viajo, sí; pero me horroriza llegar! Me fascina el trayecto y detesto el destino. Como necesito elegir sucesivos rumbos para disfrutar del viaje, a veces envío por delante el equipaje hasta lugares remotos y me obligo a itinerarios desconocidos. Pero voy demorando la llegada en dispersiones nuevas. Atesoro la alegría de andar y me horroriza llegar. Prefiero ser, más que estar…</p><p>Arreciaba el temporal y un trueno penetró en la estancia. Mari se asió de mi brazo con un estremecimiento, como si llevara la tormenta dentro. Me llegó el aroma de su carmín, con una voz de pena antigua:</p><p>&#8211; Háblame de ti…</p><p>No se hablar de mí fluidamente y menos cuando la situación me intimida. Traté de enhebrar mi confidencia con el tono de su parlamento anterior:</p><p>&#8211; Mis viajes, sin embargo, son huidas. Me convertí en una persona de grandes propósitos y los afanes calculados conllevan riesgos de perfeccionismo y de frustración; de rutina y de tedio. Me escapo cuando consigo que los compromisos no me atrapen del todo y aprecio entonces imprevistos como este, que voy percibiendo como el más venturoso de mi vida… Trasmites sensaciones y me engancha tu estilo. Me gustas. Me gustas por dentro y por fuera, –y estampé un beso sincero en la mejilla.</p><p>Fue la noche del apagón. Tronó el recinto de nuevo y la palidez fantasmagórica de las luces de emergencia iluminaron el silencio inverosímil del bar, interrumpido el hilo musical y el rumor de las palabras, tan difíciles casi a oscuras.</p><p>Una camarera se acercó a proporcionarnos una diminuta linterna:</p><p>&#8211; Los ayudará a llegar a la habitación…</p><p>El Parador de Cardona es un laberinto de escalinatas y estancias acopladas en los desniveles de un castillo milenario de múltiples flancos. De día propicia confusiones mágicas y chocantes, pero en la oscuridad inquieta y confunde. En una de sus encrucijadas el dilema del trayecto a seguir provocó que chocáramos y la humedad de su boca me acogió blandamente. Palpitaron luego nuestros cuerpos y nos estremecimos de gozo en un abrazo jadeante que precipitó la linterna a la moqueta. Cuando ordenamos la respiración, juntos aún los cuerpos, pronuncié una torpeza en su oído:</p><p>&#8211; En la tuya o en la mía&#8230;</p><p>Transcurrió un largo instante:</p><p>&#8211; No. Ahora no. No me gusta así. Ven cuando vuelva la luz. Está en esta misma planta: la 302. Ya se llegar desde aquí; no me acompañes, por favor –y se desembarazó de un abrazo que ya transcurría por sus caderas y clavaba turgencias en mi pecho.</p><p>Se perdió en el pasillo y me quedé impávido maldiciendo el apagón pero reconfortado por su promesa. Tampoco era tan impropio que las cosas se desarrollaran así. Las pasiones de un día suelen durar un día y aquella mujer merecía en mí expectativas mayores.</p><p>Palpando los muros llegué a mi habitación y accioné todos los interruptores. Abrí también las cortinas, tras las que rugía el temporal aún. Extraje del mueble-bar un botellín, que me supo a ron y me calmó, repantigado en el sillón mientras evocaba las secuencias del insólito encuentro. En la ensoñación que me invadía, no detecté el instante preciso en que volvió la luz. Se que me sobresalté y me examiné en el espejo del baño, cambiándome de ropa con urgencia, mientras me salpicaba de colonia.</p><p>Eran las cinco y media de la madrugada cuando acaricié la puerta del 302, a la que llegué a golpear con insistencia hasta que escuché un gruñido desconcertante, pero consecuente con la figura que apareció: los bigotes desplomados de Néstor, la mirada condescendiente de Néstor y la voz cavernosa de Néstor eran el espectro grotesco de mis ilusiones:</p><p>&#8211; ¡Hombre! Por fin resucitaste, -saludó jocundo.</p><p>Me sonó a ‘por fin espabilaste’ y me asaltó la sospecha perversa: el viejo bribón había ligado con Mari cuando coincidieron sus ausencias del comedor. Yo había sido el pelele de una aventurera que ahora estaba con él. Me parecía insólito, pero aquel tenorio sabelotodo siempre presumía de que a una mujer se le conquista por el oído y esa era su especialidad.</p><p>&#8211; ¿Dónde tienes a Mari?, –le espeté sin contemplaciones.</p><p>&#8211; ¿Mari? ¿Qué Mari? No te entiendo jovenazo –me llamaba así cariñosamente–. Vuélvete a la cama y duérmela sin prisas –como no me había cepillado los dientes con la precipitación, mi aliento debía oler a ron. La tormenta no nos dejará salir hoy al campo.</p><p>Cerró la puerta y volví a mirar el número de la habitación. Debía hallarme paranoico sospechando aquello de Néstor. No era él quien se reía de mí, era Mari quien se había fijado en el número de la llave de mi amigo –que estaba sobre la mesa durante la cena– y me había gastado una broma de muy mal gusto después de embobarme. Pero nadie tiene derecho a privar de su destino al prójimo, por más que se excuse en ‘la alegría de andar y el horror de llegar’.</p><p>No iban a quedar las cosas así.</p><p>Bajé a Recepción.</p><p>El conserje de noche me atendió con cortesía, a pesar de lo extemporáneo de mi consulta. Buscó en el ordenador y en sus fichas el nombre de Mari o María Cardona y no lo encontró. Cada detalle que yo añadía para identificarla generaba un nuevo desconcierto:</p><p>&#8211; Aparentemente, no hay ninguna mujer sola registrada en el Parador. Tampoco se ha marchado nadie desde la tarde. El hotel no está lleno y creo saber quién es quien mirando los coches del aparcamiento. Una mujer como la que usted describe no me hubiera pasado inadvertida, –añadió con picardía y como dudando de mi estado mental.</p><p>Desesperado, añadí otra peculiaridad:</p><p>&#8211; Ella envía siempre su equipaje por delante, días antes de llegar, –dije casi delirante.</p><p>&#8211; Eso es inadmisible en estos tiempos, –contestó muy serio.</p><p>&#8211; Por Dios, –insistí indignado. Estaba ayer tarde en el concierto de la Colegiata. Estuve luego con ella en el restaurante y en el bar de arriba…</p><p>&#8211; Le ruego que no se irrite –dijo con severidad, mirándome por encima de los lentes. Ayer no hubo aquí ningún concierto. El concierto de Jordi Savall, si es a lo que se refiere, se celebrará esta tarde.</p><p>Increíble. Una extraña y gratuita conjura se cernía sobre mí y la ausencia de testigos a esas horas de la madrugada, la convertía en más y más alucinante. Regresé a mi cuarto fuera de sí y no comprendo como pude quedarme dormido en aquel estado de nervios.</p><p>En algún momento debí soñar con Néstor, tan ceremonioso y pedante, muy atildado y con el bigote enhiesto ahora, acompañando a una guapa camarera. Néstor no dejaba de hablar de setas, que hasta para ligar hablaba de setas, creando una situación grotesca: “la monguis lanceata es muy pequeña y abunda en los prados. Tiene poco valor culinario y a veces se desmorona entre los otros hongos de la cesta. No es venenosa, ni siquiera tóxica, pero desencadena efectos neurológicos y alucinaciones en algunos organismos”. La camarera –ya se sabe como son los sueños–, contestaba incongruencias de lo más cómico: “pues para eso son las llaves maestras; para las emergencias”.</p><p> </p><p>Anochecía cuando desperté sobresaltado.</p><p>La iluminación de la Colegiata anunciaba el comienzo del concierto y el vértigo final de mi melodrama. Instrumentos y voces recrearon los romances de la diáspora sefardí, mientras yo perseguía entre el público la plenitud de Mari, equivocándome en cada ilusión. Las espaldas, los gestos, el cabello y las miradas de cada mujer me devolvían repentinamente su imagen y luego su presencia se desvanecía sin componer del todo aquella figura mágica y esquiva. Era todas, pero ninguna era ella.</p><p>El concierto concluyó con el alarido melódico de una balada premonitoria: ‘Yo m’enamorí d’un aire’ y el público aplaudió mucho mientras yo salía al claustro para prender un cigarrillo con un encendedor plano y plateado. Lo conservo.</p><p>Y aún la busco.</p><p> </p><p>© <em>Luis Cepeda, 2006</em></p>						</div>
				</div>
		<div class="elementor-element elementor-element-eb6c3da e-con-boxed e-flex e-con" data-id="eb6c3da" data-element_type="container" data-settings="{&quot;content_width&quot;:&quot;boxed&quot;}">
					<div class="e-con-inner">
				<div class="elementor-element elementor-element-267651c elementor-widget elementor-widget-image" data-id="267651c" data-element_type="widget" data-widget_type="image.default">
				<div class="elementor-widget-container">
															<img decoding="async" width="768" height="554" src="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/IMG_2685-768x554.jpg" class="attachment-medium_large size-medium_large wp-image-3461" alt="Relámpago de Cardona" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/IMG_2685-768x554.jpg 768w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/IMG_2685-300x216.jpg 300w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/IMG_2685-scaled.jpg 1024w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/IMG_2685-150x108.jpg 150w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2025/05/IMG_2685-1536x1107.jpg 1536w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" />															</div>
				</div>
					</div>
				</div>
					</div>
				</div>
							</div>
		<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/relampago-de-cardona/">Relámpago de Cardona</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>EN MÉXICO SE PIENSA MUCHO EN TI…</title>
		<link>https://www.comerdeoficio.com/relatos/en-mexico-se-piensa-mucho-en-ti/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luis Cepeda Baranda]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 May 2023 21:21:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[RELATOS]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.comerdeoficio.com/?p=2549</guid>

					<description><![CDATA[<p>El 13 de mayo de 2023 se cumplen 75 años del estrenó en la cadena SER del chotis Madrid, Madrid, Madrid… El actor mexicano Mario Moreno Cantinflas estuvo en Madrid por primera vez a comienzos de los años cincuenta del siglo pasado. Durante sus apariciones públicas exhibió su destreza en el toreo bufo y se [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/en-mexico-se-piensa-mucho-en-ti/">EN MÉXICO SE PIENSA MUCHO EN TI…</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading">El 13 de mayo de 2023
se cumplen 75 años del estrenó en la cadena SER del chotis<em> Madrid, Madrid,
Madrid…</em></h4>



<p>El actor mexicano Mario Moreno <em>Cantinflas</em> estuvo en Madrid por primera vez a comienzos de los años cincuenta del siglo pasado. Durante sus apariciones públicas exhibió su destreza en el toreo bufo y se expresó con la desconcertante locuacidad que llevó el verbo<a href="https://dle.rae.es/cantinflear"> “cantinflear”</a> hasta la mismísima Academia de la Lengua. A su regreso a México, cuando los periodistas le pidieron su impresión de España fue, sin embargo, mucho más escueto y cáustico: </p>



<p>–
En España hay casi tantos gachupines como aquí.</p>



<p>Gachupín, ya se sabe, es el término trivial, aunque bastante zahiriente con que se nombra en México al invasor español; al español altanero y chulesco. La nutrida colonia de viejos residentes, vista siempre con suspicacia, acababa de incrementarse durante la posguerra española con más de cuarenta mil refugiados políticos, a los que el presidente Lázaro Cárdenas facilitó salvoconducto y patria nueva. <em>Cantinflas</em>, entrañable charlot latino, fue un recolector de emociones perdularias muy festejadas allí y aquí. Pero en lo particular, su creador Mario Moreno solía ser, además, bastante corrosivo.</p>



<p>Por
aquellos años se activó entre los mexicanos un intenso reflejo de su contradicción
afectiva hacia los españoles, el singular recelo de amor/odio que los
estudiosos del ánimo fundamentan en la relación deshonrosa que tuvieron el
invasor Hernán Cortés y su providencial valedora indígena, la princesa Malinche.
Reciente todavía el desenlace de la guerra civil española, con el gobierno exilado
en México y distinguido con la bandera republicana ondeando en todo acto
oficial –menos la tarde del 5 de febrero de 1946 en que inauguraba la plaza de
toros Monumental con 50 mil espectadores y Manolete se negó a torear si no la
arriaban–, las relaciones bilaterales estaban formalmente canceladas, situación
que se prolongó hasta la muerte de Franco. </p>



<p>Sin
embargo, nunca como en aquellos años la fascinación por el pueblo mexicano fue
tan intensa en España, ni sus protagonistas camparon por el escenario español
con tanta frecuencia y popularidad. Se diría que la sociedad civil se
desentendía del conflicto oficial y la hermandad de lengua, casta y afecto prevalecía
sobre la desconexión política que, dicho sea de
paso, también disimulaba lo suyo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="552" src="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3329-1024x552.jpg" alt="" class="wp-image-2554" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3329-scaled.jpg 1024w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3329-300x162.jpg 300w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3329-768x414.jpg 768w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3329-1536x828.jpg 1536w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3329-2048x1104.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Del
final de la guerra civil a los años 50 del pasado siglo se estrenaron en España
más de 150 películas mexicanas. Las imágenes de No-Do (­­el noticiero-documental
del régimen franquista de obligado preámbulo en los cines) testimonian la
acogida multitudinaria que se tributó a Jorge Negrete, el charro que puso de
moda el bigote recortado entre los españoles y sacó de sus casillas a las
españolas que casi le despojan de la indumentaria que portaba al llegar a la
Estación del Norte en julio de 1948. Negrete, líder sindicalista de los músicos
mexicanos había prometido no venir a España mientras Franco gobernara el país,
pero cedió ante la insistencia comercial de filmar dos películas con Carmen
Sevilla. La leyenda dice que cuando Negrete, auténtico mito del cine y la canción,
descendió del tren procedente de Francia (había llegado en avión de México a
Paris) originó un conflicto con los miembros de la comisión de acogida, cuando
al mexicano se le vino encima tanta admiradora y dijo aquello de:</p>



<p>–
Pero, bueno, ¿es que aquí no hay hombres?, –marcando un desgarro verbal al estilo
de Jalisco. </p>



<p>Otro
divo de la canción mexicana, Pedro Vargas –conocido como <em>el tenor de América–</em>,
batió un record de interpretaciones sucesivas cantando cincuenta canciones cuando
debutó en el Florida Park del Retiro (ante cuya puerta pervive un busto a su
memoria), juntando las sesiones de tarde y noche, mientras replicaba a cada
salva de aplausos:</p>



<p>–¡Se
van a cansar ustedes antes que yo!</p>



<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A mediados de la década de los cincuenta, vino
a Madrid la actriz Dolores del Río para rodar “Señora Ama”, el drama del premio
Nobel Jacinto Benavente, y declaró desde su mirada devoradora aquello de que “los
hombres empiezan a ser interesantes a partir de los cuarenta años”, cosa que
animó mucho a los descarnados <em>carrozas</em> de la postguerra. Entre 1949 y
1953 vivió en España el arte ser mujer, María Félix, <em>María bonita</em> de
Acapulco, <em>la doña</em> de México.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="838" height="817" src="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3398.jpg" alt="" class="wp-image-2559" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3398.jpg 838w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3398-300x292.jpg 300w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3398-768x749.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 838px) 100vw, 838px" /></figure>



<p>Pero
quién protagonizó la más efusiva de todas las acogidas fue el compositor
Agustín Lara, que llegó en julio de 1954 y se quedó en Madrid durante dos meses
de desbordante fervor popular. Lo precedió su fama: cuatro años antes, el día
13 de mayo de 1948, una chaparrita de rostro lunar y voz de plata, llamada Ana
María González, había estrenado en la cadena SER con una orquesta de 40 músicos,
dirigidos por el maestro Tejada, el chotis <em>Madrid, Madrid, Madrid…</em>, nunca
mejor cantando y desde entonces emblema musical de la capital de España. Se
supo entonces que lo había compuesto, cual revelación insólita, el veracruzano
Agustín Lara, que jamás había visto Madrid.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="482" src="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3389-1024x482.jpg" alt="" class="wp-image-2555" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3389-scaled.jpg 1024w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3389-300x141.jpg 300w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3389-768x361.jpg 768w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3389-1536x723.jpg 1536w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3389-2048x964.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>–Y
me marcharé sin verlo –dijo cuando ya llevaba aquí un par de semanas–, lo
entreveo detrás de una empalizada de hombros, –añadió aludiendo al público que
a cada paso le expresaba su admiración, estrujándole materialmente.</p>



<p>–A
lo mejor, en México, no era usted tan delgado, –bromeó el periodista César González-Ruano
cuando fue a verlo.</p>



<p>El
césar de la crónica entrevistaba por entonces a personajes puntuales de la vida
española, propios o foráneos, constantes o itinerantes y así había trazado retratos
impresionistas de Pío Baroja, Lola Flores, Orson Welles, Dalí, Gregory Peck o
Di Stefano, sorprendidos en su anécdota y su tiempo. </p>



<p>La
conversación con Agustín Lara tuvo lugar en la mejor suite de la rotonda del Hotel
Palace, a cuyo salón había hecho llegar el Conde de Mayalde, a la sazón alcalde
de Madrid, un piano de cola y una batuta de oro pidiéndole que dirigiera la
banda municipal algún día.</p>



<p>–Aunque
no he venido a trabajar, seguramente lo haré –dijo a González-Ruano–, siento
que debo volver a México con un tributo a la colonia española de mi patria.</p>



<p>–¿Por
qué a la colonia española?</p>



<p>–A
la generosidad de todos ellos debo este viaje, –respondió.</p>



<p>Las
canciones de presentimiento español, compuestas a partir de un libro ilustrado de
España que entretuvo una convalecencia de Agustín Lara, fueron un presente de
nostalgias para los residentes españoles. La inspiración adivinadora de Lara
les trasladó a Granada, Valencia, Sevilla o Madrid y su excelencia musical extendió
los sentimientos hispánicos por el universo. En aquella conversación Agustín
Lara dijo a González-Ruano que acababa de oír una grabación de <em>Madrid,
Madrid, Madrid</em>, cantada en sueco.</p>



<p>–¿Y
cómo quedaba, querido Agustín?</p>



<p>–De
la chingada, señor; de la chingada.</p>



<p>Hablaron
de tabaco y de toros, de poesía, de mujeres y de la canción romántica de México
y del mundo.</p>



<p>–Y
entre sus seiscientas composiciones, ¿qué canción considera la más popular?</p>



<p>–<em>Solamente
una vez. </em>También, <em>Noche de ronda o Piensa en mí</em>… Y, desde luego <em>Granada</em>,
que está en el repertorio de los grandes tenores del mundo. </p>



<p>González-Ruano
quedó impresionado con la personalidad de Agustín Lara hecha de giros y modos de
hidalgo, de elegancia sin prisas, de palabra afectada, afectiva y sin rubor. Lo
reflejó el 20 de julio de 1954 en las páginas del diario Arriba, donde aparecían
cada domingo sus magistrales “Conversaciones”.</p>



<p>Al día
siguiente, durante la tertulia de mediodía del Café Gijón, César recibió la
visita de Nati, cancionera fina y en auge, mujer en plenitud. Estaba interesada
en saber algo más de Agustín Lara, la impresión personal del periodista.</p>



<p>–Es
un tipo formidable, tiene una especie de parsimonia virreinal y habla con mucha
calidad, como si te hablara por carta, –dijo el escritor.</p>



<p>–¿Y
con las mujeres? ¿Cómo es con las mujeres?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; –Tiene
por la mujer un verdadero culto, casi un sentimiento obsesionado. Me ha dicho
que las mujeres lo son todo para un hombre de verdad. Pero, ¿a qué viene tanto
interés por él?</p>



<p>–Le
pedí una cita profesional. Lo veré esta tarde en el Palace.</p>



<p>Explicó
Nati que pretendía convertirse en su intérprete oficial en España, recrear sus
canciones conocidas y estrenar las nuevas; pedirle que pensara en su voz al
componer…</p>



<p>–Pues
te diré entonces que ocurrirá esta tarde.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; César
hizo un aparte con la cantante, se atusó el bigote y aventuró:</p>



<p>–Cuando
le avises de tu llegada al hotel, pedirá que te acompañen al salón de su suite.
Te recibirá trajeado como un pincel o envuelto en una bata de seda y tomará tu
mano entre las suyas para besarla ceremonioso. Al mirarte a los ojos sentirás
como yergue su extrema delgadez. Te invitará a sentarte en el diván para
charlar, mientras prende un cigarrillo y te escuchará muy atento. Le contarás
tu anhelo profesional y también alguna confidencia, porque su mirada es franca
y notas que lo percibe todo y cómo valora los sentimientos. Repentinamente
llevará su mano a la frente, aplastará el cigarrillo y te dirá que acabas de
inspirarle una melodía, que te pongas junto al piano para tenerte cerca
mientras compone y así vayas entonándola. Dirá, por ejemplo, con un deje de fatalidad:
“siempre una mujer y una canción; sois el aliento de mi vida” y estremecerá las
teclas con sus dedos fugaces, en cuyas uñas, pulcras como joyas, te fijarás
fascinada… En fin, lo que quiero decirte es que una hora después tus zapatos
rodarán por la alcoba y tus enaguas colgarán al pie de su cama.</p>



<p>Nati
no era precisamente una niña timorata, pero arrugó el ceño contrariada:</p>



<p>–¿Sabes
que me estás ofendiendo? –y se incorporó resueltamente para marcharse, sin más
despedida.</p>



<p>Pudo
detenerla un instante, tomándola por el brazo.</p>



<p>         –Escucha: él es un sentimental incorregible. Ha conquistado a algunas de las mujeres más bellas de México, como <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/escarmiento_relato_culinario/">María Félix</a>; es un brujo de la seducción. Y tú eres bella por dentro y por fuera. No perderá la oportunidad de intentarlo…</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="585" src="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3321-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-2556" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3321-scaled.jpg 1024w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3321-300x171.jpg 300w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3321-768x439.jpg 768w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3321-1536x877.jpg 1536w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2023/05/IMG_3321-2048x1169.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>&lt;&gt;&nbsp;</p>



<p>César
llegaba temprano cada día a su mesa del Café Gijón, extendía unos folios,
tomaba un par de cafés suicidas y trazaba con caligrafía pulida y generosa tres
o cuatro crónicas que recogían los mensajeros de los periódicos y la radio
antes de la una, cuando se iba formando tertulia a su alrededor. </p>



<p>Aquella
mañana tuvo que interrumpir muy pronto su concentración y la del limpiabotas
que lustraba sus zapatos.</p>



<p>&#8211;
¡Don César, al teléfono!, –voceó un camarero, señalando la cabina.</p>



<p>Del
otro lado del hilo escuchó la voz jovial de Nati, desde el hall del Palace:</p>



<p>-Querido
César, llamo para decirte que te equivocaste. Agustín es una persona
apasionante, pero no es un brujo. El brujo eres tú.</p>



<p>Y
colgó risueña.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/en-mexico-se-piensa-mucho-en-ti/">EN MÉXICO SE PIENSA MUCHO EN TI…</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La Serrana de La Vera: el mito de Extremadura</title>
		<link>https://www.comerdeoficio.com/relatos/la-serrana-la-vera-mito-extremadura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luis Cepeda]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Nov 2016 08:49:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[RELATOS]]></category>
		<category><![CDATA[alquería]]></category>
		<category><![CDATA[ANALINDA]]></category>
		<category><![CDATA[CARNES]]></category>
		<category><![CDATA[Carolo]]></category>
		<category><![CDATA[COCINA]]></category>
		<category><![CDATA[COMER]]></category>
		<category><![CDATA[COMER DE OFICIO]]></category>
		<category><![CDATA[Don Carlos]]></category>
		<category><![CDATA[Extremadura]]></category>
		<category><![CDATA[FOGONES]]></category>
		<category><![CDATA[GALICIA]]></category>
		<category><![CDATA[GANADO]]></category>
		<category><![CDATA[Garganta del Infierno]]></category>
		<category><![CDATA[Garganta la Olla]]></category>
		<category><![CDATA[GASTRONOMÍA]]></category>
		<category><![CDATA[GASTRONOMICOM NEWS]]></category>
		<category><![CDATA[guisaba]]></category>
		<category><![CDATA[GUSTO]]></category>
		<category><![CDATA[Jerte]]></category>
		<category><![CDATA[La Serrana de La Vera]]></category>
		<category><![CDATA[La serrana de Tormantos]]></category>
		<category><![CDATA[LA VERA]]></category>
		<category><![CDATA[legumbre]]></category>
		<category><![CDATA[LEGUMBRES]]></category>
		<category><![CDATA[Ludovico]]></category>
		<category><![CDATA[LUIS CEPEDA]]></category>
		<category><![CDATA[Monfragüe]]></category>
		<category><![CDATA[pastos]]></category>
		<category><![CDATA[PIMENTON]]></category>
		<category><![CDATA[Plasencia]]></category>
		<category><![CDATA[PLATOS]]></category>
		<category><![CDATA[Ruta de la Plata]]></category>
		<category><![CDATA[sazón]]></category>
		<category><![CDATA[SERRANA]]></category>
		<category><![CDATA[Serrana de La Vera]]></category>
		<category><![CDATA[VACA]]></category>
		<category><![CDATA[VINO]]></category>
		<category><![CDATA[VINOS]]></category>
		<category><![CDATA[Yuste]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://comerdeoficio.com/?p=946</guid>

					<description><![CDATA[<p>En tiempos en que reinaba Carolo habitó en una alquería de Garganta la Olla, en la comarca de La Vera, una moza de extraordinaria hermosura llamada Analinda. Honesta y trabajadora, buena y sencilla con todos, sus encantos y virtudes embellecían aún más aquel bendito valle. Daba gusto verla conduciendo el ganado hacia los pastos en [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/la-serrana-la-vera-mito-extremadura/">La Serrana de La Vera: el mito de Extremadura</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.comerdeoficio.com/relatos/la-serrana-la-vera-mito-extremadura/" rel="attachment wp-att-956"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-956" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/11/serrana_extremadura.jpg" alt="La Serrana de la Vera" width="100" height="67" /></a>En tiempos en que reinaba <strong>Carolo</strong> habitó en una <strong>alquería</strong> de <strong>Garganta la Olla</strong>, en la comarca de <strong>La Vera</strong>, una moza de extraordinaria hermosura llamada <strong>Analinda</strong>.</p>
<p>Honesta y trabajadora, buena y sencilla con todos, sus encantos y virtudes embellecían aún más aquel bendito valle. Daba <strong>gusto</strong> verla conduciendo el <strong>ganado</strong> hacia los <strong>pastos</strong> en la mañana, hilando la rueca a la luz de la tarde, cabalgando en un corcel para hacer los recados o trajinando en los <strong>fogones</strong>, donde <strong>guisaba</strong> primorosos <strong>platos</strong> que todos querían <strong>catar</strong>.</p>
<p>Mas, siendo mucho más evidentes sus atributos físicos que cualesquiera de las numerosas virtudes que adornaban su carácter, pronto embelesó a romeros y montaraces, ricos señores y apuestos vástagos de fortuna que visitaban montes y dehesas, cuya furtiva solicitud de favores podía eludir apenas.</p>
<p>Un día, mientras ordeñaba una <strong>vaca</strong> con su peculiar soltura, sintió la presencia solitaria y turbadora de uno de aquellos galanes, gallardo en su cabalgadura y resolutivo de mirada y ánimo:</p>
<p>&#8211; Estoy prendado de tu beldad, <strong>Analinda</strong> y vengo decidido a casarme contigo, &#8211; manifestó.</p>
<p>El joven era a la <strong>sazón</strong> descendiente de un gran señor del regio castro de <strong>Plasencia</strong> y <strong>Analinda</strong>, que tampoco era tonta, replicó con su modestia habitual:</p>
<p>&#8211; Soy una pobre moza de alquería y tú eres rico y poderoso. Tu padre no permitirá que tomes por esposa.</p>
<p>Mas, conmovida por la osadía y el privilegio de la proposición del galán, no pudo reprimir el incorporarse, fundiéndose con él en un abrazo que creció en besos y en llanto contenido y gozoso, se desbordó luego en caricias y gemidos, y desfalleció, sobre el heno del pajar, con el vértigo de la entrega.</p>
<p>&#8211; ¿Qué será de mi ahora?, &#8211; dijo <strong>Analinda</strong> cuando le volvió el habla.</p>
<p>&#8211; Huyamos y ocultemos nuestro amor en la sierra –dispuso el decidido joven–, mientras hago los preparativos de nuestra boda.</p>
<p><figure id="attachment_951" aria-describedby="caption-attachment-951" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://www.comerdeoficio.com/relatos/la-serrana-la-vera-mito-extremadura/" rel="attachment wp-att-951"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-951 size-full" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/11/la_serrana_de_la_vera_1.jpg" alt="La Serrana de La Vera" width="800" height="421" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/11/la_serrana_de_la_vera_1.jpg 800w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/11/la_serrana_de_la_vera_1-300x158.jpg 300w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/11/la_serrana_de_la_vera_1-768x404.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a><figcaption id="caption-attachment-951" class="wp-caption-text">Foto de: www.elperiodicoextremadura.com</figcaption></figure></p>
<p>Cabalgaron hasta el anochecer encajados en la poderosa montura de su amor, penetrando los intrincados bosques de la <strong>Garganta del Infierno</strong>, vadeando riachuelos y matorrales, hasta llegar a una cueva, excusada entre la maleza, que el caballero, sin duda, ya conocía, pues disponía de aposento, pozo y hogar.</p>
<p>A la luz de los candiles prendidos, la pasión venció al cansancio y <strong>Analinda</strong> descubrió nuevamente su vigor amoroso y la virtud de la virtud perdida, con lo que la noche se llenó hasta el alba de abundantes revelaciones de la piel y descargas de placer bastantes.</p>
<p>A la mañana, el joven apresuró su marcha, so pretexto de consumar festino el viaje que le aguardaba, prometiendo a su amada inmediato retorno, luego de obtener de su parentela la anuencia para aquella boda, que su mucho entusiasmo garantizaba. Invadida de una dulce dicha y aturdida por el prodigio de un despertar envuelto en ternuras y abrazos coritos, <strong>Analinda</strong> no reparó siquiera en la carencia de sustentos en que se quedaba, por corta que la espera fuese.</p>
<p>Menos mal que aquella cueva montaraz, flagrante refugio de caza y otros acosos calculados, disponía de aperos de labrar y demás bártulos, pues el joven heredero no volvió luego, ni volvió después, ni volvió nunca jamás.</p>
<p>Incapaz de asumir la infamia de la seducción y el abandono, <strong>Analinda</strong> concibió que alguna desgracia habría anulado la nobleza de su amado, alucinando que la muerte se le había cruzado en las áridas serranías del trayecto, acaso despeñándolo durante el febril galope que se lo devolvía. Y sintiéndose irremediablemente viuda y sola, dependiente sólo de su dones y tareas, y como tal sembró un bancal de <strong><a title="LEGUMBRES" href="http://www.comerdeoficio.com/tu-despensa/embajadores-las-legumbres-tu-despensa/">legumbres</a></strong> silvestres, domesticó enjambres de abejas, dispuso cepos ante las madrigueras de las liebres y garlitos en los arroyos, recolectó castaños y zarzas, templó la ballesta y el dardo ante el elástico corzo y persiguió al amanecer los alaridos del gallo emboscado, honda en ristre.</p>
<p>Con la despensa bien cumplida y repuesta de carencias y ganas, descendió un día al camino bajo del <strong>Jerte</strong>, donde un apuesto arriero de la <strong>Ruta de la Plata</strong>, que cargaba <strong>pimentón</strong> para <strong>Galicia</strong>, divisó la gracia de su andar, dejó el carro en la cuneta y dio en seguirla.</p>
<p>&#8211; Dame serrana de ti, que he abandonado mi hacienda, tan pronto como te vi.</p>
<p>&#8211; Tu desprendimiento encela. Yo te daré cuanto pueda, si vienes hasta mi cueva.</p>
<p>Allí <strong>Analinda</strong> extendió seductora y generosa, sobre pulcras lajas de pizarra, adobos de carnero en yerbas montaraces, perniles de puerco salvaje, cangrejos en sazón, almortas estofadas y frutas confitadas en miel, al tiempo que con yesca y pedernal incendiaba un espetón de ardillas rellenas con endrinas, cuyo crujir sabroso satisfizo y encandiló al forastero, quien contribuyó al ágape con el sabroso <strong><a title="VINO" href="http://www.comerdeoficio.com/vino/">vino</a></strong> de rufete que portaba en una turgente bota, menos turgente al fin que las <strong><a title="CARNES" href="http://www.latabernadeelia.es/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">carnes</a></strong> de la propia moza – viudas de roce hasta entonces-, sedientas de amorosos jugos y abandonadas luego-luego al frenético vigor del arriero.</p>
<p>&#8211; Me marcho -dijo con arrogancia nada más terminar la faena carnal, mientras recomponía la vestimenta-. Debo preocuparme por la mercancía que dejé en el camino, no sea que me la roben. Un arriero maragato responde con su vida de los encargos que lleva.</p>
<p><a href="http://www.comerdeoficio.com/relatos/la-serrana-la-vera-mito-extremadura/" rel="attachment wp-att-947"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-947" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/11/la_serrana_de_la_vera-768x1024.jpg" alt="La Serrana de la Vera" width="640" height="853" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/11/la_serrana_de_la_vera-768x1024.jpg 768w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/11/la_serrana_de_la_vera-225x300.jpg 225w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/11/la_serrana_de_la_vera.jpg 990w" sizes="auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px" /></a></p>
<p>Y dio la espalda a <strong>Analinda</strong>, que aún turbada, sintiose de nuevo desamparada al verle partir, aunque esta vez viuda voluntaria, pues armó la honda, la batió en el aire y colocó en la nuca del galán una gruesa y vertiginosa china que lo mató. Después lo desvistió guardando su bombacho calzón y la casaca repleta de recados, junto a los atuendos de caza del rico hombre que la sedujo antaño. Y lo sepultó, deplorando el desperdicio de su lozanía y la inconsistencia de sus pasiones.</p>
<p>Nunca se supo cuántas fueron las víctimas del ritual de manjares, amor y muerte que <strong>Analinda</strong> emprendió desde aquel día. Si se sabe que quien descubrió su criminal conducta fue un bardo sefardí, llamado <strong>Ludovico</strong>, de quien escuchó un lejano soliloquio a través del viento:</p>
<p><em>Cazaba el tigre paloma, en sus fauces la traía;</em></p>
<p><em>él pensaba que eran flores, manjar que nunca comía.</em></p>
<p><em>A la tigra se las daba, al llegar a su guarida;</em></p>
<p><em>Élla le amaba por eso, por su mucha cortesía.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guiada por su voz le encontró en un claro del bosque, con la luz de tarde ya y le condujo de la mano a su cueva, sirviéndolo con primor perdices en leche y conejos guisados, tencas en barro tostado y manjar de higos y de moras. Disfrutó de su delicadeza de ánimo y tras sentirlo apasionadamente, escuchó el timbre de su laúd y la melodía de su canto hasta adormecerse.</p>
<p>La curiosidad del trovador por aquella prodigiosa montaraza le condujo entonces, provisto de una mecha, hasta los profundos aposentos de la cueva donde descubrió, colgados cual trofeos, monteras y manteos de pastor, blusones de tratante, petates de soldado, uniformes guardabosques y hasta levitas de clérigo, prendas aterradores en su vacío corporal. Huyó espantado, cómplice del sueño de la serrana, y no pudo evitar contarlo en cantares:</p>
<p><em>De perdices y conejos, sirvió me muy rica cena</em></p>
<p><em>De pan blanco y de buen <strong><a title="VINO" href="http://www.comerdeoficio.com/vino/">vino</a></strong> y de su cara risueña.</em></p>
<p><em>Si buena cena me dio, muy mejor cama me diera,</em></p>
<p><em>Si mejor cama me dio, aún mejor miedo me entrega…</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuentan que <strong>Analinda</strong> fue buscada desde entonces por hombres que quisieron encontrarla para ellos y saber por si mismos de su pasión perniciosa, pero también que fue perseguida como alimaña y aniquilada. O que resultó procesada y ajusticiada.</p>
<p>Me gusta más pensar que el rey <strong>Don Carlos</strong> –por entonces vecino de la comarca en <strong>Yuste</strong>-–, veterano en personas y justicias, pasiones y manjares e hijo a su vez de la locura de amor y la viudez delirante, conociera el drama de <strong>Analinda</strong> y la indultara, comprendiendo cómo su fervor por la vida y sus dones la empecinó en la muerte, destinándola a una repetida viudez, intencionada y múltiple.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/la-serrana-la-vera-mito-extremadura/">La Serrana de La Vera: el mito de Extremadura</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Escarmiento, un relato culinario</title>
		<link>https://www.comerdeoficio.com/relatos/escarmiento_relato_culinario/</link>
					<comments>https://www.comerdeoficio.com/relatos/escarmiento_relato_culinario/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luis Cepeda]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 May 2016 12:43:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[RELATOS]]></category>
		<category><![CDATA[ALFONSO ABELENDA]]></category>
		<category><![CDATA[ANTONIO CASTRO]]></category>
		<category><![CDATA[APETITO]]></category>
		<category><![CDATA[BIRRA]]></category>
		<category><![CDATA[BLOG DE COCINA]]></category>
		<category><![CDATA[Buganvilla]]></category>
		<category><![CDATA[CANNES]]></category>
		<category><![CDATA[CATADOR]]></category>
		<category><![CDATA[CENA]]></category>
		<category><![CDATA[CERVEZA]]></category>
		<category><![CDATA[CIUDAD DE MÉXICO]]></category>
		<category><![CDATA[COCINA]]></category>
		<category><![CDATA[COCINAR]]></category>
		<category><![CDATA[COMIDA]]></category>
		<category><![CDATA[CORONITA]]></category>
		<category><![CDATA[CORONITA CERVEZA]]></category>
		<category><![CDATA[COYOACÁN]]></category>
		<category><![CDATA[CUENTOS]]></category>
		<category><![CDATA[CULINARIO]]></category>
		<category><![CDATA[Dolores del Río]]></category>
		<category><![CDATA[GASTRONOMÍA]]></category>
		<category><![CDATA[GASTRONOMIA MEXICANA]]></category>
		<category><![CDATA[GUANAJUATO]]></category>
		<category><![CDATA[GUISOS]]></category>
		<category><![CDATA[HERNÁN CORTÉS]]></category>
		<category><![CDATA[Indio Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[LA MANSIÓN DEL INDIO]]></category>
		<category><![CDATA[LAS TAQUERÍAS DE BIRRA]]></category>
		<category><![CDATA[LUIS CEPEDA]]></category>
		<category><![CDATA[MANJAR]]></category>
		<category><![CDATA[MARIACHI]]></category>
		<category><![CDATA[MARQUÉS DE ARIENZO]]></category>
		<category><![CDATA[mexico]]></category>
		<category><![CDATA[PEDRO ARMENDÁRIZ]]></category>
		<category><![CDATA[RECETAS]]></category>
		<category><![CDATA[RECETAS DE COCINA]]></category>
		<category><![CDATA[RESTAURANTE]]></category>
		<category><![CDATA[SAN SEBASTIÁN]]></category>
		<category><![CDATA[SAUZA]]></category>
		<category><![CDATA[SAUZA TEQUILA]]></category>
		<category><![CDATA[taquerías]]></category>
		<category><![CDATA[tequila]]></category>
		<category><![CDATA[TU DESPENSA]]></category>
		<category><![CDATA[VENECIA]]></category>
		<category><![CDATA[VINO]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://comerdeoficio.com/?p=403</guid>

					<description><![CDATA[<p>La Mansión del Indio está en Coyoacán, al sur de la Ciudad de México en el mismo barrio colonial y periférico donde tuvo Hernán Cortés su residencia. Ocupa toda una manzana cercada de granito, con tamaño y alicientes como para cabalgar al trote, a un paso del tráfico urbano. Emilio “el Indio” Fernández la edificó [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/escarmiento_relato_culinario/">Escarmiento, un relato culinario</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La Mansión del Indio</strong> está en <em>Coyoacán</em>, al sur de la <strong>Ciudad de México</strong> en el mismo barrio colonial y periférico donde tuvo <strong><a title="HERNÁN CORTÉS" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Hern%C3%A1n_Cort%C3%A9s" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Hernán Cortés</a></strong> su residencia. Ocupa toda una manzana cercada de granito, con tamaño y alicientes como para cabalgar al trote, a un paso del tráfico urbano. <strong>Emilio “<em>el Indio</em>” Fernández</strong> la edificó con la gloria de sus películas, revelación estética del pueblo <em>mexicano</em> y entusiasmo oportuno de los certámenes cinematográficos de <strong>Venecia</strong>, <strong>Cannes</strong> o <strong>San Sebastián</strong>.</p>
<p>Hace tiempo que <strong>Emilio Fernández</strong> falta y la melancolía gravita sobre su fortaleza. La espléndida escalera que desciende hacia el jardín, trasunto de la que pisara <strong>Dolores del Río</strong> en “<em>Buganvilla</em>”, se cuartea de descuidos; el palenque y las galleras, privadas de vigor y muerte, son sólo escenarios de ausencias; la alberca cría musgo; la capilla, murciélagos; las caballerizas, estampidos de intemperie.</p>
<p>El <strong>Indio Fernández</strong> solidificó en la mansión la fugacidad de su cine y su leyenda: El empaque de una hacienda en las arcadas y un paseo jalonado de flamboyanes capaces de iluminar la noche; la sala de armas (su desdichada pasión), con su propia carabina revolucionaria y el colt de oro macizo que le regaló <strong>Sam Peckinpah</strong>; los retratos recurrentes de <strong>María Félix</strong>, <strong>Dolores del Río</strong> y <strong>Columba Domínguez</strong>, las tres miradas que más amó su cámara; luces y sombras del <strong>México</strong> profundo y campirano en cada dependencia y un cielo abierto al prodigio de <em>Coyoacán</em>, por donde transitan aún las nubes que atrapara <strong>Gabriel Figueroa</strong> para su cine, en la ciudad con más smog y más vitalidad del mundo.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-419" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_1.jpg" alt="GASTRONOMÍA MEXICANA" width="650" height="436" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_1.jpg 650w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_1-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 650px) 100vw, 650px" /></p>
<p>Sin embargo, su recinto predilecto fue la <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocina</a></strong>, una estancia diáfana de doscientos metros cuadrados revestida de cerámica poblana y repleta de fogones ebrios de fuego y trajín, insaciables de <em>aves y lechones, pámpanos y róbalos, chiles de mil madres, chayotes, borregos, iguanas o pejelagartos</em>.</p>
<p><strong>Emilio Fernández</strong> fue, en efecto, un personaje apasionado por las tradiciones culinarias de su país, pródigo en reuniones <a title="GASTRONOMIA" href="http://www.gastronomicom.com" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>gastronómicas</strong></a> multitudinarias, supervisor de <strong>guisos</strong> y <strong>catador</strong> exigente de todo <strong>manjar</strong>. La <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocina</a></strong> fue el lugar más vivo de su mansión y su hija Adela, que creció entre sayas de guisanderas, escribió una vez: “<em>En aquella cocina me sensibilicé, aprendí la historia de mi pueblo, comprendí su herencia cultural y consolidé mi amor a <strong>México</strong></em>”.</p>
<p>Durante los años cincuenta, década prodigiosa del cine y la canción mexicana, concurrieron a los banquetes de <strong>Emilio Fernández</strong> todos los personajes que modelaron la mitología contemporánea de un <strong>México</strong> temperamental, emotivo y vividor.</p>
<p>Su esposa, la actriz <strong>Columba Domínguez</strong>, a quien retiró del cine después de dirigirla en “<em>La perla</em>” y verla <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocinar</a></strong> (también por ganársela a <strong>Pedro Armendáriz</strong>, que andaba alzándole la ceja), única mujer oficial que tuvo, acató siempre la intempestiva esplendidez de los convites del Indio como un mal menor de su insólita personalidad, atacada de pasiones y designios mucho más peligrosos.</p>
<p>Hasta una noche en que se presentó de repente con su compadre <strong>José Alfredo Jiménez</strong> y con todo el <strong>Mariachi Vargas de Jalisco</strong>, después de que actuaran en el Teatro de la Ciudad.</p>
<p>-Que nos preparen <strong>cena</strong>,-ordenó el Indio al frente de la expedición musical, -y replicó Columba:</p>
<p>-Ya tus amigotes de la <a title="COMIDA" href="http://www.comerdeoficio.com"><strong>comida</strong></a> acabaron con la <a title="TU DESPENSA" href="http://comerdeoficio.com/tu-despensa/"><strong>despensa</strong></a>. No hay <strong>cena</strong>.</p>
<p>Nadie replicaba al Indio. Por entonces, dicen que debía ya tres muertes:</p>
<p>-¡Mujer pendeja!¡Dije que estos cuates <strong>cenan</strong> en mi casa!¡Y <strong>cenan</strong>!</p>
<p>Columba se contuvo y emprendió viaje a la <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocina</a></strong>.</p>
<p>-Sea…,-concedió diligente.</p>
<p>Corrió una arroba de <strong>tequila de Atotonilco</strong> mientras <strong>Silvestre Vargas</strong> provocaba desgarros de trompetas, llantos de violines, tensión de guitarrones. <strong>José Alfredo</strong> falseteó sus “<em>Caminos de Guanajuato</em>”, aquellos en que “<em>se apuesta la vida y se respeta al que gana</em>”, que tanto conmovían al Indio, y luego llegó a la mesa el <strong>guiso</strong> contundente, el mole bravo de chile y de pipián que dio plenitud a la noche.</p>
<p>-Valió la pena aguardar -se dijo, y después se convocaron una docena de taxis ante el portón para expedir gente y tramoya musical.</p>
<p><a href="http://comerdeoficio.com/relatos/escarmiento_relato_culinario/"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignright wp-image-421 size-medium" title="GASTRONOMÍA MEXICANA" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_3-300x277.jpg" alt="GASTRONOMÍA MEXICANA" width="300" height="277" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_3-300x277.jpg 300w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gastronomia_mexicana_3.jpg 650w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>A la hora de los chilaquiles <strong>Emilio</strong> bajó a curarse la cruda mañanera a la <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocina</a></strong>.</p>
<p>-Hoy no cantaron los gallos,-comentó.</p>
<p>-Todos los gallos se los <strong>cenaron</strong> anoche, -contestó la <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocinera</a></strong> mientras apañaba una pancita bien picosa.</p>
<p>-¡Mis gallos de pelea!.. -rugió el Indio- ¡Pinche Columba, la mato!, -y se crispó sobre un machete filoso.</p>
<p>-No se apure mi patrón -aconsejó la <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocinera</a></strong> sin distraerse-, la señora sólo quiso escarmentarle, pero marcho de la casa anoche y vuelve ahorita, en cuanto se le pase el enojo…</p>
<p>De repente, la mirada negra del Indio se hizo reflexiva:</p>
<p>-Pero ¿cómo carajo se las arregló para que esos gallos peleones no salieran correosos?</p>
<p>“Ahorita” es el adverbio más relativo de México.</p>
<p><strong>Columba Domínguez</strong> no regresó hasta 1986, cuando el Indio murió y heredó la mansión.</p>
<p><strong>Emilio Fernández</strong> se llevo a la tumba el coraje de no poder castigarla por matar sus gallos de pelea y también el asombro de un <strong>guiso</strong> tan difícil.</p>
<p>Pasado su esplendor de director irrepetible, el Indio trabajó de actor y asesoró películas de ambientación mexicana, la última “<em>Bajo el volcán</em>”, con su amigo <strong>John Huston</strong>. Durante sus años finales vivía encharcado en alcohol y despropósitos. Vagaba por su fortaleza como una sombra desganada y olvidaba dar órdenes en su inmensa <strong><a title="COCINA" href="http://comerdeoficio.com/blog-de-cocina/">cocina</a></strong>.</p>
<p>Morirse -ya se sabe-, es falta de curiosidad.</p>
<p>O de apetito, que viene a ser lo mismo.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-481" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/05/gallos.jpg" alt="GASTRONOMÍA MEXICANA" width="250" height="186" /></p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/escarmiento_relato_culinario/">Escarmiento, un relato culinario</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://www.comerdeoficio.com/relatos/escarmiento_relato_culinario/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La voracidad del tercer hombre: ORSON WELLES</title>
		<link>https://www.comerdeoficio.com/relatos/la-voracidad-del-tercer-hombre-orson-welles/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luis Cepeda]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Mar 2016 10:57:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[RELATOS]]></category>
		<category><![CDATA[BLOG DE COCINA]]></category>
		<category><![CDATA[CINE]]></category>
		<category><![CDATA[GASTRONOMÍA]]></category>
		<category><![CDATA[LUIS CEPEDA]]></category>
		<category><![CDATA[ORSON WELLES]]></category>
		<category><![CDATA[PELICULA]]></category>
		<category><![CDATA[PELICULAS]]></category>
		<category><![CDATA[RESTAURANTE]]></category>
		<category><![CDATA[TU DESPENSA]]></category>
		<category><![CDATA[VINO]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://comerdeoficio.com/?p=192</guid>

					<description><![CDATA[<p>Centenario de Orson Welles El 6 de mayo se cumple el centenario del nacimiento de Orson Welles, auténtico genio del cine y la interpretación, el enfant terrible de las ondas, que sembró el pánico de Norteamérica con su versión de La Guerra de los Mundos y el director e intérprete de Ciudadano Kane, con 26 [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/la-voracidad-del-tercer-hombre-orson-welles/">La voracidad del tercer hombre: ORSON WELLES</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p></p>
<h3 style="text-decoration: underline;">Centenario de <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a></h3>
<p><strong>El 6 de mayo se cumple el centenario del nacimiento de <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a>, auténtico genio del cine y la interpretación, el enfant terrible de las ondas, que sembró el pánico de Norteamérica con su versión de La Guerra de los Mundos y el director e intérprete de Ciudadano Kane, con 26 años, la película que puso patas arriba al cine filmando los techos por vez primera e inventando los flashback.<br />
Hispanista consumado y autor de una veintena de películas de culto, aquí se recrean sus pasos por Madrid cuando contaba con medio siglo y rodaba Campanadas a medianoche.</strong></p>
<p>Hace exactamente 50 años que <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a> estuvo rodando en España Campanadas a medianoche, una película donde era director, guionista y principal intérprete. Se trataba de la adaptación propia de cuatro obras de Shakespeare, donde el gordo Falstaff, pendenciero amigo del futuro rey de Inglaterra, era interpretado por Welles.</p>
<p>“Campanadas a medianoche y en España es la única película que repetiría”, dejó dicho Orson en una de las últimas entrevistas, poco antes de morir pacíficamente, mientras dormía en su domicilio de Los Ángeles, el 14 de octubre de 1985. Tenía aquella película en el fondo del alma a causa de su pasión por Shakespeare (lo evidencian los magistrales Otelo y Macbeth que filmó e interpretó) y, sobre todo porque -según se contaba en voz baja- Falstaff era el trasunto remoto de su propio padre, vividor y dipsómano; atrabiliario, cobardón y generoso como el personaje central de Las alegres comadres de Windsor, un ser cuya dimensión humana y trayecto vital tenía para él un especial significado.</p>
<p><a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="http://comerdeoficio.com/noticias/la-voracidad-del-tercer-hombre-orson-welles/"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-198" title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/ORSON_WELLES_2.jpg" alt="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" width="405" height="283" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/ORSON_WELLES_2.jpg 405w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/ORSON_WELLES_2-300x210.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 405px) 100vw, 405px" /></a></p>
<p>Obtuvo en Cannes el premio máximo en 1966, la segunda vez que lo mereció España después de la Viridiana de Buñuel, galardonada cinco años antes. La había financiado Emiliano Piedra, modesto y aventurado productor español al que será indispensable volver luego. Encontró en el afán de <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a> una oportunidad, más romántica que interesada, de incorporarse a la grandeza de un mito cinematográfico del que los grandes productores huían, debido a su instinto disperso y la meticulosidad en sus montajes, lo que solía impedir que los estrenos ocurrieran puntualmente.</p>
<p>Cuando recibió el premio declaró que no había creído que hubiera un productor capaz de acometer semejante proyecto y lo había encontrado en España. En el auge del tecnicolor, la película se rodó en blanco y negro con toda intención, igual que pocos años antes había filmado así Sed de mal, acaso el mejor film policiaco de la historia del cine. Lo que no impidió que asomara su sarcasmo durante la entrega del premio para decir que España debía ser “el único país donde no se sabía que el blanco y negro ya no era comercial”, una humorada decididamente incierta.</p>
<p>Precisamente se rodaban por entonces grandes producciones en España y Madrid fue Hollywood aquellos años. El mágico y desmesurado David Lean había rodado aquí Lawrence de Arabia o Doctor Zhivago y con el impulso de Samuel Broston, súper-productor de volteada suerte, también se había realizado El Cid, con Charlton Heston y Sophia Loren, 55 días en Pekín o El fabuloso mundo Circo, con John Wayne, en locaciones como el mismísimo parque del Retiro.</p>
<p>El propio <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a> había filmado en España, diez años atrás, Mister Arkadin, donde llevó a la pantalla la novela de intriga suya del mismo título, una de las producciones más rocambolescas de la historia del cine. La costearon varios países a condición de que aparecieran en roles secundarios actrices y actores locales. Además se le impidió finalizar personalmente la edición, a lo que se debe que circulen por el mundo montajes distintos, con intérpretes diferentes además.</p>
<p>Mientras se rodaba en el muelle de Barcelona una escena nocturna de aquella película, en mayo de 1954, lo entrevistó el célebre periodista César González-Ruano, quien escribió de Welles que se trataba de una “criatura incalculable, no sujeta ni a gravitación ni a lógica” y que de toda su persona trascendía simultáneamente un clima de urgencia, de abandono y de superioridad. Al periodista le sorprendieron alguna de sus insólitas decisiones, como la de elegir de repente a un maquillador para que interviniera, de manera destacada, en una escena criminal: “sencillamente, me gustó el tipo”, le dijo.</p>
<p>Contó a Ruano que su español lo había aprendido en Sevilla, cuando le trajo su padre a España con 15 años y se aficionó al toreo, no solo como espectador. De hecho, <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a> habría toreado en 1931 en Madrid como novillero, con el nombre de El Americanito, en la plaza de toros de Tetuán de las Victorias (lugar que hoy ocupa la plaza de La Remonta, junto a la calle de Bravo Murillo), un coso taurino que explotaba el padre de Luis Miguel Dominguin y precisamente la misma plaza donde luego debutó en Madrid el mítico Manolete, un 1º de mayo de 1935, en una novillada con picadores.</p>
<p>La entrevista de González-Ruano con Welles es un ejemplo de periodismo impresionista, donde se sorprende y glosa al personaje en su anécdota, más que en su trascendencia. Entre otras cosas, le preguntó si le gustaba lo que estaba haciendo, a lo que contestó que no demasiado; que siempre quería hacer algo mejor. Además “cuando escribo -dijo- tengo ganas de hacer cine; cuando hago cine me entran ganas de escribir y cuando hago las dos cosas, me gustaría hacer teatro. Siempre me atrae aquello que no estoy haciendo”. El César de la crónica hizo una descripción física del personaje que me parece soberbia y oportuna de recordar: “Es todavía El tercer hombre, pero creo que ha crecido y engordado. Lleva un abrigo azul, gordo y desabrochado, con el cuello subido, en el que aparece almenada una gran cabeza de pelo revuelto, de perfil duro y a la vez chato, con pequeños ojos de jabalí, unos ojos que abre mucho e inquietamente, una cabeza con facciones de niño sin terminar, de talla de coro -entre ángel y sátiro-, una cara en cuyos gestos hay cierto desgarro casi cruel”.</p>
<p>Paola Mori, bella aristócrata italiana de 25 años a la que había conocido el año anterior, y con quien contrajo matrimonio al año siguiente en Londres debido al inminente nacimiento de Beatrice -la hija de ambos-, fue la protagonista de Mister Arkadin en 1954. También quien le acompañaba en Madrid, diez años después, durante los meses de rodaje de Campanadas a Medianoche. El productor instaló a la familia Welles en un espléndido ático del sector de Puerta de Hierro, concretamente en la calle Velayos, una travesía formada por bocacalles cul-de-sac, donde también se hallaban las instalaciones en que cada tarde y ante la moviola, el propio Orson progresaba en la edición de la película.</p>
<p>Se había hecho transportar al penthouse una biblioteca de más de tres mil libros bien encuadernados, donde había novelas de Baroja en inglés, y los espacios eran solemnes, amoldados a la desmesura escénica en que le gustaba vivir y actuar. Estaba en la quinta planta y se llegaba mediante un ascensor, dotado de un dispositivo restringido, que al abrir sus puertas te instalaba directamente en el salón, el primer ascensor privado que vi en mi vida de joven reportero abierto al milagro de cada día. <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a> me facilitó el acceso a su casa en marzo de 1965 después de perseguirle incesantemente durante una semana, en compañía de un fotógrafo, por estudios y exteriores, calles y <a title="RESTAURANTE" href="http://comerdeoficio.com/restaurante/"><strong>restaurantes</strong></a> de Madrid.</p>
<p>Pero acaso sea preciso explicar, con la perspectiva de medio siglo, la causa previa de aquel privilegio y la singular manera de hacer periodismo que conducía a situaciones como aquella.</p>
<p>A un costado de la Plaza de España, en la segunda planta del número 12 de la calle San Leonardo y encima de la redacción de Triunfo -el semanario más progre de la época-, hubo una agencia de prensa, llamada pomposamente Servicio Universal de Noticias y Colaboraciones, conocida como SUNC, en siglas. Fue un vivero de periodistas iluminado por la Gran Vía y por un redactor-jefe de 24 años, llamado Alfredo Amestoy. Como yo buscaba sitio en una redacción donde trabajar, al retorno de unas prácticas y sustituciones en Radio des Vallée, la emisora francesa de Andorra, fui a verle el 18 de febrero de 1965. Me acuerdo bien de la fecha porque fue la víspera del primer cumpleaños de mi vida que no tuve tiempo de celebrar, abrumado de actividad periodística agotadora y gratificante al tiempo.</p>
<p>&#8211; Aquí hacemos lo que no quieren, ni saben, ni pueden hacer en los periódicos ni las revistas -me aclaró Alfredo-; aquí hacemos el periodismo imposible.</p>
<p><a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="http://comerdeoficio.com/noticias/la-voracidad-del-tercer-hombre-orson-welles/"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-196" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/ORSON_WELLES_4.jpg" alt="ORSON WELLES" width="459" height="339" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/ORSON_WELLES_4.jpg 459w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/ORSON_WELLES_4-300x222.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 459px) 100vw, 459px" /></a></p>
<p>En efecto, en SUNC no había teletipo, que era lo mínimo en una agencia. Había media docena de máquinas de escribir y teléfonos que echaban humo, fotógrafos frenéticos entrando y saliendo del cuarto oscuro y un trajín estajanovista de locos, que obligaba a efectuar, con un entusiasmo ineludible, entre tres y cinco reportajes, largos o breves, cada día. No se había inventado el fax, ni los móviles y menos internet, claro. Tampoco existían agencias de comunicación que facilitaran boletines o contactos. Todo era muy pedestre, pero cada mañana debía salir un vendedor cargado de reportajes a colocarlos en los periódicos de la tarde y cada tarde, de nuevo, con otra cartera repleta de reportajes recientes, para tratar de vendérselos a los periódicos de la mañana; y el sobrante de cada día, a las revistas. Sobre todo, debía llevar contenidos en los que no hubieran pensado, ni por asomo, las plantillas fijas de las redacciones. Vivíamos de eso y cada día, a primera hora, nos repartíamos los encargos para generar primicias insospechadas. Se sustentaban en noticias leídas temprano en diarios, en situaciones inspiradas en publicaciones extranjeras, como Oggi, France Dimanche o Paris-Mach; en chivatazos de los conserjes de hotel y en informadores fieles o casuales, como camareros, limpiabotas, dependientes, taquilleras, estanqueras y taxistas que te servían de espías. O en las provocaciones delirantes que se nos ocurrían, cuando no en curiosidades halladas en las páginas amarillas, los escaparates o en los anuncios por palabras más pintorescos o insólitos.</p>
<p>Con la urgencia verbal que luego exhibió en la televisión, Alfredo me despachó con un parte el día: Madrid iba a municipalizar las pompas fúnebres y eso era un tema profundo; el cocinero del Palace tenía un Mercedes -cosa insólita en un oficio nada rutilante entonces-; lo había descubierto en la noticia de un atropello de tráfico. El reciente alcalde de Madrid, Carlos Arias, acababa de adornar la Gran Vía con unas floridas jardineras y pensaba que resultaría simpático que las regara una actriz guapa y famosa. También quería conseguir una foto del doctor Severo Ochoa -reciente premio Nobel, de paso por Madrid- jugando en los billares de la calle del Prado, frente al Ateneo, como si evocara los asuetos de sus tiempos de estudiante. Además, sospechaba que Gigliola Cinquetti, reciente ganadora de los festivales de San Remo y de Eurovisión, se hospedaba en algún hotel céntrico de Madrid, donde iba a actuar y todavía no había concedido entrevista alguna. Alain Delon, Anthony Quinn, Charles Bronson, Claudia Cardinale o Charles Aznavour se hospedaban en otros hoteles de Madrid, con motivo de rodajes y actuaciones.</p>
<p>Cualquiera de ellos, era buena causa de reportaje. Pero, además y sobre todo, <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a> estaba rodando esos días una película en la Casa de Campo, su apetito feroz se instalaba en <a title="RESTAURANTE" href="http://comerdeoficio.com/restaurante/"><strong>restaurantes</strong></a> madrileños cada noche -donde podía resultar más abordable que durante el rodaje- y se sabía de la existencia de una misteriosa hija de 9 años, confinada en un piso de Puerta de Hierro al cuidado de una institutriz. No había prioridad por ninguno de los temas. Todos la tenían.</p>
<p>&#8211; Empieza por donde quieras. Aquí tienes un teléfono y ahí están Leal o Wagner, Raúl o Félix, para cuando necesites fotógrafo.</p>
<p>El doctor Severo Ochoa, con quien concerté una cita, no quiso jugar al billar, casi se ofende ante la frivolidad, pero se dejó fotografiar en el bar del Ateneo y contó jugosas anécdotas universitarias. Federico Witwer, el jefe de cocina del Hotel Palace, me descubrió la diferencia entre un chef y un ranchero; entre un mercedes y un seiscientos. En la contraportada de Pueblo me publicaron al día siguiente el reportaje que había efectuado de inmediato sobre la municipalización de Pompas Fúnebres, con fotos de los lúgubres carruajes que iban a jubilar. Encontré a Gigliola Cinquetti, que era un encanto, en la cafetería del hotel Memphis de la Gran Vía y merendamos hablando de la edad de amar a que aludía en su célebre canción, Non no l’eta, doblemente premiada. Y bastantes años después coincidí en México con la actriz Irán Eory, que aún recordaba el día que con una regadera y un mandil, duchó las flamantes jardineras de la Gran Vía.</p>
<p>Me faltaba, y era perentorio, acceder a <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a> y lograr la entrevista con su misteriosa hija. Para un periodista en ciernes, fascinado por el escándalo radiofónico de La Guerra de los Mundos que concibió Welles a los 23 años y reciente espectador de Ciudadano Kane, apoteosis del periodismo poderoso y canalla, en una sesión clandestina del Cineclub Aún, aquello significaba todo un reto fervoroso.<br />
Acompañado en unas ocasiones por Fernando Wagner -acaso el más intrépido de los paparazzi de aquellos años de dolce vita en que se inventaron los paparazzi- y otras con Luis Leal, que puede testificarlo, perseguí durante una semana a <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a>, quien, efectivamente, era inabordable en los rodajes, aunque su intensidad vital y capacidad de trabajo mientras comía, bebía, mandaba y decidía, resultaba un espectáculo en si mismo.</p>
<p>Cada noche cenaba con su mujer en alguno de sus <a title="RESTAURANTE" href="http://comerdeoficio.com/restaurante/"><strong>restaurantes</strong></a> predilectos. No había Zalacaín ni existía Lucio -su efusivo fundador atendía por entonces el desaparecido Schottis de la Cava Baja, cuyos callos a la madrileña apreciaba especialmente-, pero nosotros le seguimos concretamente a Casa Paco de Puerta Cerrada y sus carnes al peso, a La Gran Tasca de la calle Ballesta, donde se apretó un cocido completo con Vega Sicilia por la noche; al finolis Bodegón, de Jacinto Sanfeliú, situado entonces junto al Hotel Castellana Hilton (hoy, Intercontinental), al Valentín del chuleta Félix Fernández, junto a la plaza del Carmen, el <a title="RESTAURANTE" href="http://comerdeoficio.com/restaurante/"><strong>restaurante</strong></a> más castizo y célebre de aquellos años, y al Horcher, en la calle Alfonso XII, donde su voracidad de ogro disfrutaba más que en ninguna parte. Acostumbrado a vernos y a que le fotografiáramos, su cordialidad progresaba y fue precisamente en Horcher donde le abordé para concertar una cita el día siguiente en la sala de montaje y poder hacerle unas fotos trabajando, a lo que accedió.<br />
El encuentro fue corto. No quiso hablar de las frivolidades que podían interesar a la prensa impertinente y rosa; es decir, de su relación con Rita Hayworth, con la que estaba casado cuando Gilda y a quien transformó en La dama de Shanghai; ni siquiera del sospechoso capricho de rodar algunas escenas de Campanadas a medianoche, que pudieron ser de maqueta, en el pirineo navarro, una artera coartada, según decían, para poder cenar a diario a un <a title="RESTAURANTE" href="http://comerdeoficio.com/restaurante/"><strong>restaurante</strong></a> mítico de la zona, el de La Josepha de Santesteban, junto al Bidasoa.</p>
<p>Estaba en la sala de mezclas, concentrado en la pantalla de la moviola, dejándose fotografiar algo adusto, mientras trabajaba, con una botella de jerez cerca, y creo que vio el cielo abierto cuando su ayudante personal, Juan Cobos -joven erudito del cine al que yo había conocido en sesiones de cineforum- le trasmitió nuestro deseo de hacer una entrevista a su hija Beatrice. El propio Cobos lo facilitó todo y avisó a la casa para que viéramos a la niña en el domicilio del genio al día siguiente, cuando él se fuera a rodar a la Casa de Campo.</p>
<p>Me salió un reportaje bastante sensiblero, que publicó Garbo en abril de 1965. Lo pedía la ocasión y el amarillismo cándido de entonces. La niña se reponía de una dolencia renal que la había tenido en cama tres meses, estaba claro que su padre no había querido fotografiarse con ella y, lo mismo que su madre, paraba poco en casa. Convivía con una nurse y se divertía con muñecas de trapo, un papagayo, la tortuga, dos perros y pintando. En la soledad de la inmensa casa, almorzaba en una larga mesa de banquete, donde cabrían unos doce comensales, y ante la que Wagner disparó una foto enternecedora y malévola, sentada en la cabecera sin compañía. Con solo seis meses viviendo en España, hablaba castellano correctamente, además de otros tres idiomas. La pregunté si la gustaría trabajar en cine y se la escapó que su padre la iba a incorporar en al rodaje de escenas finales de Campanadas, como paje de Falstaff.</p>
<p>Estuvimos pendientes y aquello nos dio la oportunidad de verla y fotografiarla de nuevo en la Casa de Campo, con atuendo de época y un borriquillo que montaba, incluidas luego en algunas escenas de la película. Me había tomado confianza y estuvo locuaz hasta que su padre bramó “¡fuera periodistas!”. Ese segundo reportaje se publicó, como primicia, en el diario Madrid, donde se pasaron un poco con el título: “Beatriz Welles, primer paso en el cine. El viejo Orson quiere hacer de su hija un pequeño monstruo”.</p>
<p>Tras finalizar el rodaje de Campanadas a medianoche, los Welles se quedaron a vivir en Madrid. Orson compró una villa con 18 habitaciones en la colonia Camarines de Aravaca, a las afueras de la capital, a la que llamó Mi Gusto y se dedicó a vivir bien sin descanso, huyendo temporalmente, según su biógrafa Barbara Leaming “de lo que consideraba una difícil situación profesional”. Pero nada más terminar el rodaje, mientras revisaba rollos y editaba, envió a su productor, Emiliano Piedra, una carta realmente entrañable y realmente insólita en la correspondencia habitual entre un director con su productor financiero. Quería igualar el cielo en la mítica escena de la batalla y necesitaba rodar un día más. “Te ruego creer que estas horas y gastos suplementarios no provienen de un capricho o perfeccionismo por mi parte y prefiero que me dejes pagar ese día de rodaje de mi propio dinero”, dice entre otras cosas en la carta, escrita en un castellano rudimentario y fechada el 17 de abril de 1965. Welles también era así: considerado con los demás; consecuente aquí con el esfuerzo económico de aquel valiente productor español y dispuesto a aliviarle de mayores gastos, en alguna medida.</p>
<p>Pese a su nuevo entusiasmo por vivir despreocupado de proyectos en un Madrid donde decía gozar de que nadie le hiciera preguntas sobre lo que hacía o pensaba hacer, entre octubre y noviembre de 1966 rodó Una historia inmortal con la sensual Jeane Moreau, la adaptación de un relato de Karen Blixen, (la autora de Memorias de África o El festín de Babette), para la que escenificó Macao en Chinchón y Sepúlveda (Segovia). Fue posiblemente la última película que terminó si descartamos Fake, de 1973, el delicioso documental donde transita en los límites sutiles de la ficción y la realidad, entre lo falso y lo verdadero, y las escenas de The Dreamets, que realizó entre 1978 y 1985, con adaptaciones de otros relatos de Isak Dinesen (seudónimo de Karen Blixen), que se vieron en televisión.</p>
<p>Hasta entonces había rodado 18 películas, todas ellas magistrales en algún sentido, entre las que dejó inconclusas Don Quijote, por el fallecimiento sucesivo de los dos protagonistas principales; The Merchant of Venice, debido al robo de dos rollos en la productora, y The Deep, iniciada en 1970 en la costa dálmata, e interrumpida a causa de otros encargos. Y por lo menos una docena de películas célebres llevan su voz de pedernal como narrador.</p>
<p>Era incansable y fueron numerosos los proyectos frustrados que inició. Hay rollos de sus filmaciones personales sin editar en los almacenes de productoras de medio mundo, cuando no insertados en películas ajenas. En una conversación que mantuve en México con el director de cine Luis Alcoriza -guionista de Buñuel en Los Olvidados y otras- me contó que en una ocasión le ofrecieron numerosas secuencias sin editar del carnaval de Río, filmadas por Welles a mediados de los años 50 del pasado siglo, a la que no encontró aplicación oportuna. “Las imágenes que me quisieron vender eran las mismas que vi, poco tiempo después, encajadas en una película francesa que tuvo mucho éxito, Orfeo negro”. Y hace unos meses, lo que constituye un extraordinario hallazgo histórico, aparecieron en Italia los originales de Too much Johnson, la película rodada con anterioridad a Ciudadano Kane, y que hasta el propio Welles daba por perdida.</p>
<p><a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="http://comerdeoficio.com/noticias/la-voracidad-del-tercer-hombre-orson-welles/"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-200" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/ORSON_WELLES_3.jpg" alt="ORSON WELLES" width="650" height="433" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/ORSON_WELLES_3.jpg 650w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/ORSON_WELLES_3-300x200.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 650px) 100vw, 650px" /></a></p>
<p>Entre 1941 y 1988 <a title="ORSON WELLES | BLOG DE COCINA" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Orson_Welles" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><strong>Orson Welles</strong></a> participó como actor en 74 películas, y aunque su presencia estelar en El tercer hombre, Sed de mal o Compulsión son referencias míticas, caracterizaciones o instantes interpretativos como su Luis XVIII en Waterloo, el cardenal Wolsey en Un hombre para la eternidad o el Benjamín Franklin de Si Versalles pudiese hablar, son sencillamente insuperables. Dirigió e interpretó una docena de obras teatrales en Nueva York, Boston, Londres y Dublin, sobre todo adaptaciones de obras de Shakespeare, pero también de Marlowe, Bernard Shaw o Ionesco, entre ellas una versión musical de La vuelta al mundo en 80 días, con música de Cole Porter, en 1946; la adaptación de Moby Dick a la escena o Rinoceronte en 1960, en la que dirigió a Laurence Oliver, aunque no se soportaron. Algo mutuo, como testimonia el reciente libro My lunches with Orson, de Peter Biskind, donde se recogen opiniones e impertinencias muy propias de un personaje tan resolutivo y seguro de sí.</p>
<p>El 8 de mayo de 1987, Beatriz Welles, que ahora contaba 31 años, regresó de nuevo a España, tras una larga ausencia. Un año y medio después del fallecimiento de su padre y portadora de un cofre con sus cenizas, cumplía la voluntad del genio de ser enterrado en España. La inhumación tuvo lugar en la finca Recreo de San Cayetano, del torero Antonio Ordóñez, el amigo a quien endosó la función guardián póstumo, todo un signo de amistad y entrega a la España, que tanto amó. El mausoleo es un pozo ciego del jardín, que regaló el Ayuntamiento de Ronda, sellado con arena de su antigua y monumental plaza de toros de Ronda. Beatriz se casaba al día siguiente en Sevilla con su novio canadiense Christopher Schmidt, porque quería paliar el contenido luctuoso del viaje, haciendo más de una cosa, aunque fuera contradictoria.</p>
<p>Hija de su padre, al fin.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/la-voracidad-del-tercer-hombre-orson-welles/">La voracidad del tercer hombre: ORSON WELLES</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Fumando espero: Obama se fuma un Puro</title>
		<link>https://www.comerdeoficio.com/relatos/obama-se-fuma-puro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Luis Cepeda]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Mar 2016 09:09:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[RELATOS]]></category>
		<category><![CDATA[ALBERTO CORAZÓN]]></category>
		<category><![CDATA[ALIMENTO]]></category>
		<category><![CDATA[ALIMENTOS]]></category>
		<category><![CDATA[BARACK OBAMA]]></category>
		<category><![CDATA[BLOG DE COCINA]]></category>
		<category><![CDATA[CASA BLANCA]]></category>
		<category><![CDATA[CENIZA]]></category>
		<category><![CDATA[CIGARRO]]></category>
		<category><![CDATA[COMENSAL]]></category>
		<category><![CDATA[CUBA]]></category>
		<category><![CDATA[DESPACHO OVAL]]></category>
		<category><![CDATA[DESPENSA]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[ESTADOS UNIDOS]]></category>
		<category><![CDATA[FUMAR]]></category>
		<category><![CDATA[GOURMET]]></category>
		<category><![CDATA[GUSTO]]></category>
		<category><![CDATA[HABANO]]></category>
		<category><![CDATA[JFK]]></category>
		<category><![CDATA[KENNEDY]]></category>
		<category><![CDATA[LUIS CEPEDA]]></category>
		<category><![CDATA[MANJAR]]></category>
		<category><![CDATA[MESA]]></category>
		<category><![CDATA[OBAMA]]></category>
		<category><![CDATA[PALADAR]]></category>
		<category><![CDATA[PRODUCTO]]></category>
		<category><![CDATA[PRODUCTOS]]></category>
		<category><![CDATA[PURO]]></category>
		<category><![CDATA[PUROS]]></category>
		<category><![CDATA[SOBREMESA]]></category>
		<category><![CDATA[TU DESPENSA]]></category>
		<category><![CDATA[USA]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://comerdeoficio.com/?p=140</guid>

					<description><![CDATA[<p>COMER DE OFICIO &#124;   Consideramos al habano el manjar volátil supremo y una grave carencia gourmet en Estados Unidos. Aquí se cuenta la intrahistoria del conflicto que privó del placer de fumar los mejores puros del mundo al país más poderoso. Transcurrido más de medio siglo de la crisis de los misiles y del [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/obama-se-fuma-puro/">Fumando espero: Obama se fuma un Puro</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p></p>
<p class="p1" style="color: #880000;">COMER DE OFICIO |</p>
<p class="p1" style="color: #880000;"><a alt="TU DESPENSA" title="TU DESPENSA" href="http://comerdeoficio.com/tu-despensa/obama-se-fuma-puro/"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-27 size-full" title="TU DESPENSA" src="http://comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/luis_cepeda_BLOG_DE_COCINA_comer_de_oficio.jpg" alt="TU DESPENSA" width="663" height="200" srcset="https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/luis_cepeda_BLOG_DE_COCINA_comer_de_oficio.jpg 663w, https://www.comerdeoficio.com/wp-content/uploads/2016/03/luis_cepeda_BLOG_DE_COCINA_comer_de_oficio-300x90.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 663px) 100vw, 663px" /></a></p>
<p><strong> </strong></p>
<p class="p1">Consideramos al <strong>habano</strong> el <strong>manjar</strong> volátil supremo y una grave carencia <strong>gourmet</strong> en <strong>Estados Unidos</strong>. Aquí se cuenta la intrahistoria del conflicto que privó del placer de <strong>fumar</strong> los mejores <strong>puros</strong> del mundo al país más poderoso.<br />
Transcurrido más de medio siglo de la crisis de los misiles y del bloqueo comercial que desencadenó con <strong>Cuba</strong>, el presidente de <strong>Estados Unidos</strong> puede volver a <strong>fumar habanos</strong>. Que le gustan.</p>
<p>Junto al <strong>Despacho Oval</strong> de la <strong>Casa Blanca</strong>, tras una puerta excusada que se confunde con la de un armario, se encuentra el <strong>comedor</strong> privado del presidente de los <strong>Estados Unidos</strong>, un recinto que atesora los secretos mejor guardados del mundo.</p>
<p>De uso restringido, tanto en ocasiones como en convidados, el lugar se recrea en detalles de buen <strong>gusto</strong> consecuentes con la cúpula de poder que lo frecuenta. Una <strong>mesa</strong> vestida de holandas para ocho <strong>comensales</strong> -más que las Gracias; menos que las Musas, fiel a Savarín-, vitrinas amuebladas con la quintaesencia de <strong>licores y brandies</strong> de todo el orbe y una batería empotrada de arcones climatizados, alrededor de los Chester de <strong>sobremesa</strong>, que contuvo la mayor colección de puros habanos que pueda imaginarse. En ciclos de anticastrismo feroz, éste fue uno de los secretos veniales que el tiempo libera. El otro, una chaise-longue con mecanismos que instaló <strong>Kennedy</strong> para sestear sus malestares vertebrales, en la que luego relajó <strong>Clinton</strong> sus alegres infortunios.</p>
<p>El color político de cada inquilino de la <strong>Casa Blanca</strong> parece condicionar el uso de ese salón particular. Se diría que en las últimas décadas son los demócratas quienes más y mejor disfrutan del <strong>manjar</strong>, la compañía y la privacidad del lugar, mientras los severos republicanos &#8211;<em>Nixon, Ford, Reagan y los dos Bush</em>-, parecieron extraños a este territorio hedonista donde se hacía tertulia.</p>
<p>Los tiempos de <strong>John F. Kennedy</strong> fueron, sin embargo, prolijos en sesiones del salón privado, disfrutadas con la nostalgia de su <strong>Irlanda</strong> ancestral en el <strong>paladar</strong>, la conversación íntima, el gusto por la libación pausada del <strong>brandy</strong> y la bocanada evanescente del <strong>cigarro</strong> puro.</p>
<p>Admirador y discípulo de <strong>Winston Churchill</strong>, <strong>Kennedy</strong> había percibido que el rigor de una alta misión en la vida no estaba reñido con las gratificaciones humanas. El viejo león británico se recreó en los <strong>cigarros habanos</strong> y sus buenas dosis de <strong>brandy</strong> incluso cuando, acatarrado, firmaba la paz en <strong>Yalta</strong> tras la segunda guerra mundial: “<em>Los bacilos se atontan con el humo y se ahogan en el brandy</em>”, dicen que decía.</p>
<p><strong>Kennedy</strong> frecuentó la compañía de <strong>Churchill</strong> y sus sempiternas aficiones cuando su padre fue embajador en <strong>Londres</strong> y él estudiaba Economía en Cambridge. Incluso -joven polemista de veintidós años-, se permitió enmendarle la plana poco antes de regresar a Norteamérica en 1940, con la publicación de un ensayo titulado “¿<em>Por qué Inglaterra duerme</em>?”</p>
<p>Elegido presidente de los <strong>Estados Unidos</strong> en 1960, su trágica muerte, tres años después, privó al mundo de un personaje esperanzador y edificó un mito, luego cuestionado en asuntos privados que, a la postre, le humanizaban.</p>
<p>Como el asunto de los <strong>puros</strong>:</p>
<p>En octubre de 1962 comenzó la llamada “<em>crisis de los mísiles</em>” ante la suposición de que en <strong>Cuba</strong> se estaba instalando una base con material nuclear soviético que amenazaba las cercanas costas norteamericanas. Mientras compartía con su hermano Bob y un par de asesores inmediatos su plato favorito, un <strong>Irish stew</strong>, <strong>Kennedy</strong> recibió las fotos obtenidas desde un avión espía U2, en las que el presidente tuvo la impresión de ver una modesta granja, devolviéndoselas a los analistas del Pentágono para que le explicaran la alarma.<br />
-¡Ojalá nos equivoquemos!, -dijo</p>
<p>Tomaba su infusión de <strong>café</strong> y se disponía a prender un viejo Belindas, cuando <strong>Robert Mac Namara</strong>, Secretario de Defensa, trajo la noticia definitiva:<br />
&#8211; No hay duda. Son mísiles nucleares que apuntan a Florida.<br />
&#8211; ¿Y qué sugieres?<br />
&#8211; Bloqueo inmediato de la isla y embargo comercial -dudó-; eso&#8230; o declaración de guerra.</p>
<p>No es raro que ante tanta responsabilidad sobrevenga un gesto frívolo, un despropósito del subconsciente, aparentemente inoportuno. <strong>Kennedy</strong> observó la <strong>ceniza</strong> precoz de su <strong>cigarro</strong> y comentó:<br />
&#8211; Nos vamos a quedar sin <strong>puros</strong>&#8230;, -y a continuación, como recuperándose de un trance:<br />
-Habrá que inaugurar el Teléfono Rojo.</p>
<p>Los grandes mandatarios ordenan con un gesto, con una frase aparentemente banal, con sugerencias algo crípticas e inconcretas. Hay que conocerlos como conocía <strong>Evelyn Lincoln</strong> a su jefe. Mientras el presidente conversaba con el dirigente soviético <strong>Nikita Kruschev</strong>, a través del Teléfono Rojo, que se inventaron ambos en la Conferencia de Viena del año anterior -en previsión de emergencias y equívocos en tiempos de guerra fría-, Evelyn se entendía con otro ruso, Zino Davidoff, comerciante universal del tabaco, para que la Casa Blanca estuviera bien abastecida de cigarros puros antes de que se bloqueara el comercio con Cuba.<br />
Poco pudo disfrutar <strong>John Kennedy</strong> de la selecta dotación de habanos que se anticipó al bloqueo. Cabe dudar que con alguno se regocijara Jonhson, que le sucedió en la presidencia, viviendo mandato y medio de luto y Vietnam. El otro demócrata del período, <strong>Jimmy Carter</strong>, ufano del esplendor de sus dientes, no fumó, ni tomó café, ni bebió brandy. Sus reuniones en Camp David con egipcios e israelíes fueron su única promiscuidad conocida. Se sabe, por el contrario, que al republicano George H. Bush, padre, se le debía cierto déficit en los Epicúreos de Hoyo de Monterrey.</p>
<p>La potente madurez de los <strong>Upmann de Dunhill</strong>, los aromas a nueces tostadas de los <strong>Henry Clay</strong> o los elegantes regustos del Partagás del 59, cautivos en los humidificadores del privado presidencial, han dormido un sueño meloso y sensual del que sí se gratificó ampliamente <strong>Bill Clinton</strong>, rehabilitador de sobremesas y modos kennedianos, que no pasará a la historia por comedido.</p>
<p>Es probable que tras su paso por la <strong>Casa Blanca</strong> se desabasteciera casi del todo el acopio de puros cubanos que procuró <strong>Kennedy</strong> antes del bloqueo. El puro es un <strong>manjar</strong> vivo y aplazado que dura generaciones si se vigila su humedad y temperatura. Sólo se desvanecen sus sensaciones estéticas y aromáticas con el fuego y el de prender un <strong>puro</strong> diario estuvo entre los ardores de <strong>Clinton</strong>. En compensación trasmitió optimismo al mundo, aunque personalmente le tocara purgar alguna que otra incidencia doméstica.</p>
<p>Últimamente, el presidente <strong>Barack Obama</strong>, carente de reservas en puros, solía meditar sus contrariedades, que no le han faltado, <strong>fumándose un cigarrillo furtivo</strong>. Y no es que no le gustaran los puros; se le vio fumándolos al comienzo de su mandato presidencial y consiente, de hecho, que en <strong>Nicaragua</strong> se elaboren cigarros con su apellido por la familia <strong>Plasencia</strong>, exiliada de Cuba. Pero sus crisis han sido de política interna y monetarista. Se fueron apañando con ingeniería financiera e insólitos ajustes de poder. No han tenido aquella dimensión bélica y cósmica propicia a los grandes gestos. Aunque todo indica que lo de acabar con el bloqueo cubano, aprovechando el viaje para rellenar con cigarros puros los humidificadores de la <strong>Casa Blanca</strong>, va a ser el propósito épico de su mandato.</p>
<p>Pocas ocasiones conducen tanto al diálogo y entonan mayor sensación de amistad, como la de disfrutar del <strong>cigarro puro</strong> en compañía. Es algo más que una pipa de la paz. Vamos a ver al presidente <strong>Obama</strong> fumando habanos, mientras corrige -como es debido-, un buen tramo de la historia.</p>
<p>Ilustrado por <a href="http://www.albertocorazon.com/" target="_blank" title="ALBERTO CORAZON | TU DESPENSA" alt="ALBERTO CORAZON | TU DESPENSA" rel="noopener noreferrer"><strong>Alberto Corazón</strong></a>.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.comerdeoficio.com/relatos/obama-se-fuma-puro/">Fumando espero: Obama se fuma un Puro</a> aparece primero en <a href="https://www.comerdeoficio.com">Comer de Oficio por Luis Cepeda</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
